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UBA: Investigadores trabajan con muestras del Cañon de Mar del Plata

La expedición submarina de investigadores del CONICET al Cañón Mar del Plata marcó un hito por el enorme interés que despertó en el público argentino. Con casi 18 millones de visualizaciones, las transmisiones en vivo desde el buque R/V Falkor (too), del Schmidt Ocean Institute, rompieron todos los récords.

“Ahora se nos vienen muchas horas de lupa”, dijo Sofía Calderón López, investigadora UBA/CONICET, del equipo de la Universidad de Buenos Aires que va a procesar y estudiar parte de las cientos de muestras que se consiguieron durante los 21 días que duró la expedición.

“Lo que recolectamos en unas semanas, nos va a dar años de estudio”, contó Brenda Doti, mientras señalaba las decenas y decenas de frascos con muestras del fondo marino argentino. Doti es docente de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, e investigadora de CONICET.

Junto a los becarios doctorales Emanuel Pereira y Sofía Calderón López, y demás integrantes del Instituto de Biodiversidad y Biología Experimental y Aplicada, tienen un arduo trabajo por delante con las muestras que actualmente están en su laboratorio. Si bien cada uno de los frascos fue inventariado a bordo del buque, en algunos no saben a ciencia cierta qué es lo que pueden llegar a encontrar.

Es que el equipo dirigido por Doti se especializa en animales que en algunos casos llegar a medir milímetros, y muchas de las muestras son del suelo marino, esperando encontrar estos diminutos animales.

Todavía no saben si pueden llegar a descubrir nuevas especies, pero sí tienen en claro la enorme magnitud de la información que las 220 horas de video y los cientos de muestras van a aportar al conocimiento del fondo marino argentino.

Brenda Doti analizando muestras.

Importancia de estudiar el fondo marino

La meta de la expedición de científicas y científicos del CONICET, en conjunto con el Schmidt Ocean Institute, que duró 21 días, fue explorar a fondo el cañón submarino Mar del Plata para conocer y proteger. Este conocimiento es crucial porque los cañones conectan el océano profundo con la plataforma continental. Esto facilita el intercambio de aguas, influye en la circulación oceánica, y en el clima global.

Los cañones son puntos críticos de biodiversidad, es decir, en ellos se puede ver una increíble variedad de vida. Que no sólo sustenta a los ecosistemas marinos, sino a las pesquerías, por ejemplo. Los cañones también son una vía de transporte de corrientes, de nutrientes, y de los sedimentos que provienen del continente a las aguas profundas. 

“Si bien el ambiente del cañón no era desconocido para nosotros, pudimos verlo en detalle gracias a las 220 horas de filmación que pudimos conseguir con el sumergible. Esto nos permitió ubicar a las especies conocidas en el lugar en el que vivían, ver cómo vivían, cómo les afectaban las corrientes de agua”, explicó Brenda Doti.

En el laboratorio del Instituto de Biodiversidad y Biología Experimental y Aplicada de la UBA se pueden ver cajas y cajas llenas de frascos grandes y pequeños con muestras conseguidas en esta expedición. ¿Cómo y por qué las elegían?

“Lo primero fue planear a dónde iba a ir el robot submarino. Nosotros queríamos ver ciertos lugares, como la cabecera del cañón, la pared norte, la pared sur, y la parte profunda. Antes de que baje el robot, podíamos hacer un mapeo tridimensional del fondo, lo que se conoce como batimetría. Con eso planeábamos el rumbo que seguiría el robot”, contó Doti.

“A medida que iba avanzando lo deteníamos cuando veíamos cosas interesantes”, agregó. “Le pedíamos a los pilotos que hicieran zoom para ver mejor ciertas zonas, y si veíamos algún organismo de interés, pedíamos que se recolectara. Es importante contar que no sólo los que estábamos ahí mismo, éramos los que pedíamos muestras, había toda una comunidad científica argentina detrás, que participaban desde fuera del barco mientras veían las transmisiones en vivo”.

“Pero no sólo en el vivo podíamos ver cosas, es importante el hecho de haber podido obtener esas 220 horas de filmación. Durante las inmersiones uno iba viendo y tomando registro de lo que se veía en la ladera sur, por ejemplo, y a veces con eso nos alcanzaba sin necesidad de tomar la muestra. Pero hay que volver sobre esas horas y horas de filmación, con más preguntas. Hay un análisis mucho más fino que podemos y debemos hacer”.

Un isópodo serolidae siendo observado en microscopio. 

¿Qué sigue tras las inmersiones?

A pocos días de finalizada la campaña de observación submarina, el laboratorio del Instituto se puede ver repleto de frascos con las muestras tomadas. Estas deben ser clasificadas y estudiadas, y luego irán a los depósitos especiales del Museo Argentino de Ciencias Naturales «Bernardino Rivadavia» que será el encargado de almacenarlas, y tenerlas disponibles para cualquier científico que las quiera analizar.

“Ahora tenemos que identificar todo a nivel de especie. Uno ve un pote chiquito, pero tranquilamente acá puede haber de 5 a 10 especies distintas, y eso todavía no lo sabemos”, contó Doti, mientras mostraba uno de las decenas de frascos.

“Cada integrante del equipo irá trabajando con su área de especialidad. Yo, por ejemplo, me ocupo de los isópodos. Y si hay especies nuevas, tenemos que describirlas. Eso es también un trabajo que demanda mucho tiempo, ya que hay que hacer dibujos del aspecto general de los ejemplares, de cada uno de sus apéndices”, detalló la investigadora.

Como si fuese poco el trabajo que sigue con las muestras, el equipo de la UBA sigue participando de otras expediciones. Brenda Doti fue invitada a una nueva campaña a bordo del barco de la Schmidt Ocean Institute para estudiar el fondo marino de las costas de Uruguay.

“Los jefes científicos, Álvaro Carranza y Fabricio Escarabino, ambos de la Universidad de la República de Montevideo, me invitaron como especialista en isópodos y crustáceos. Nuestros grupos vienen colaborando desde hace varios años. Tenemos trabajos en común”, contó Doti. “Voy a estar abordo del Falkor (too) nuevamente para las últimas dos semanas de la expedición”.

“Tienen un objetivo muy similar al que tuvimos nosotros en la campaña al cañón submarino Mar del Plata. La idea de ellos es estudiar las aguas profundas de Uruguay, que también tiene un talud pronunciado y algunos cañones submarinos”, agregó.

El Falkor (too) con su robot submarino SuBastian volverán a Argentina en octubre. La UBA volverá a estar presente con un equipo científico diferente, pero del mismo instituto. Pero es interesante que se conozca que el trabajo científico no se detiene cuando las cámaras se apagan. Esas 220 horas de filmación, de 21 días de expedición marina, aportan tanto material que lleva años a las científicas y científicos poder clasificarlo y estudiarlo. Es cómo funciona la ciencia, tiene sus partes divertidas, aventureras, y otras no tan llamativas, pero que no dejan de ser por ello, entretenidas para los científicos. 

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