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La región en peligro: el imperio Trump extiende sus garras en América

El operativo fue la culminación de una sucesión de acciones ilegales en alta mar, que fueron preparando el camino para el llamado operativo “Resolución Absoluta” en Venezuela. La ofensiva militar y las operaciones navales anunciadas por Estados Unidos contra objetivos vinculados al narcotráfico en y alrededor de Venezuela han escalado en una intervención estratégica e injerencia directa en la soberanía venezolana. Lo que Washington vende como una campaña antidrogas y de seguridad regional tiene, según críticos internacionales y regionales, un componente geopolítico e hidrocarburífero difícil de soslayar: el acceso y control sobre recursos petroleros que históricamente han sido el objetivo de tensiones externas.

Más allá del andamiaje legal, persiste la sospecha —no casual— de que el conflicto tiene un trasfondo económico: Venezuela posee una de las mayores reservas petroleras del mundo, y las maniobras de Washington han ido acompañadas de mensajes públicos que aluden a la conveniencia de “poner en orden” la producción energética o de recuperar activos estratégicos. Para muchos observadores regionales, eso explica por qué la acción de la Casa Blanca huele menos a lucha contra el narcotráfico y más a disputa por recursos estratégicos.

La invasión norteamericana en Venezuela debe ser un alto llamado de atención para todos los países americanos. Por eso la respuesta global no se hizo esperar. Gobiernos latinoamericanos y organizaciones internacionales expresaron su rechazo y preocupación: jefes de Estado y cancilleres sudamericanos advirtieron sobre el peligro de la escalada y exigieron respeto por la Carta de las Naciones Unidas y por la autodeterminación de los pueblos. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, rechazó la agresión y recordó que “los conflictos internos entre los pueblos los resuelven los mismos pueblos en paz”, apelando al principio de la autodeterminación., aunque Trump ya lo amenazó diciendo que «tiene que cuidarse el trasero«. Y organizaciones y coaliciones políticas del continente calificaron la operación como un atropello a la soberanía regional y una reactivación de prácticas intervencionistas de vieja data.

En la Argentina la voz pública también expresó condena. Sectores del peronismo, agrupaciones sindicales y organizaciones de derechos humanos repudiaron la captura y los bombardeos atribuidos a Washington, subrayando que la acción constituye una violación del derecho internacional y un riesgo para la paz regional. El Partido Justicialista, referentes de Unión por la Patria y organizaciones sociales y sindicales replicaron el rechazo y convocaron a acciones de solidaridad con el pueblo venezolano.

Lógicamente Javier Milei salió a respaldar a su alter ego: “Apoyo total a Estados Unidos, no tenían forma de salir los venezolanos de este equilibrio siniestro en el que estaban metidos” aunque patinó (y debe estar arrepentido por ello) en apoyar «el liderazgo de María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz, en la defensa de la democracia y la libertad en Venezuela«, porque Trump dijo de ella: «que la líder opositora María Corina Machado no cuenta con el ‘respeto’ necesario para gobernar su país«.

¿Qué significa para la región?

La intervención armada en suelo venezolano implica una alerta significativa para el continente:

  1. Erosión de la norma de no intervención. La normalización de intervenciones militares con argumentos de seguridad doméstica de Estados Unidos puede sentar un precedente peligroso para la estabilidad regional.
  2. Militarización de la política hemisférica. El despliegue naval y aéreo, acompañado de operaciones puntuales, devuelve a la agenda pública la amenaza de acciones que trascienden la diplomacia y convierten la región en un teatro de operaciones.
  3. Riesgo para la diplomacia y el multilateralismo. La falta de coordinación con órganos multilaterales y la respuesta unilateral obstaculizan mecanismos pacificadores y la posibilidad de soluciones negociadas.

Reacciones del arco político argentino

La invasión norteamericana a Venezuela fracturó rápidamente las opiniones del arco político argentino.

El gobernador bonaerense, Axel Kicillof, posteó en X: «La Provincia de Buenos Aires condena el accionar militar de Estados Unidos en Venezuela. Este hecho constituye una grave violación de los principios elementales del Derecho Internacional, altera la estabilidad regional y sienta un peligroso precedente. Estas acciones vulneran la Carta de las Naciones Unidas y la Carta de la OEA, desconocen el principio de no intervención y contradicen doctrinas históricas promovidas por la Argentina, como la Doctrina Drago y la Doctrina Calvo. Argentina tiene una larga tradición en el diálogo internacional y la defensa de la soberanía y la integridad territorial, en la prohibición del uso de la fuerza y en la solución pacífica de las controversias internacionales. Los principios de defensa de la paz, de no intervención y defensa de la soberanía deben estar por encima de la conveniencia económica«.

Javier Milei mostró su alineamiento con Trump señalando en X: «En días históricos como el de hoy podemos ver realmente de qué están hechos algunos dirigentes y formadores de opinión. De un lado está la democracia, la defensa de la vida, la libertad y la propiedad. Esos valores que muchos dicen defender pero sólo defienden cuando les queda cómodo. Del otro lado están aquellos cómplices de una dictadura narcoterrorista y sangrienta que ha sido un cáncer para nuestra región sembrando la enfermedad del Socialismo del Siglo XXI, con su consecuente miseria y muerte. Aquí no hay medias tintas ni grises. Se está del lado del BIEN, o se está del lado del MAL. Y todos aquellos que hoy no defiendan con uñas y dientes la causa de la libertad son parte del problema y no de la solución. Celebramos la caída del dictador narcoterrorista Maduro. La Argentina está lista para ayudar en la transición a una Venezuela libre, democrática y próspera«.

El recientemente asumido diputado nacional y dirigente social Juan Grabois a través de su cuenta de X escribió: «¿Caída de Maduro titulan? ¿Festejan? Además de perversos, ¿Son idiotas? ¿Festejan una guerra? ¿No vieron cómo quedó Medio Oriente después de Libia, Irak y Siria? No importa si es Maduro, Lula o Kast. Es invasión, bombardeo y secuestro. Es guerra. Es la destrucción del derecho público internacional. Es ilegal. Es criminal. Es el fin de Latinoamérica como zona de paz. Junto a nuestro más enérgico repudio, reafirmo nuestro compromiso militante en la resistencia no-violenta contra la barbarie asesina yankee que festeja el cipayaje local, en defensa de la paz hemisférica y la autodeterminación de los pueblos«.

El ex jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, expresó en su cuenta de X escribió: «Venezuela sufre desde hace años una narcodictadura que empobreció a su pueblo, empujó a millones al exilio y cometió todo tipo de crímenes. Maduro es un dictador sanguinario. Y es muy bueno para los venezolanos que no esté más. Hay, sin embargo, un principio que no se puede violar unilateralmente: el respeto a la soberanía de los Estados. Es un antecedente peligroso. Aun frente a gobiernos injustos, autoritarios y violentos. La salida para Venezuela no puede ser la imposición externa. Tiene que ser democrática. Tiene que ser venezolana. Que la palabra vuelva al pueblo. Que decidan en libertad. Elecciones libres ya«.

El diputado nacional Sebastián Galamarini a través de la cuenta X dijo: “Nunca una intervención militar puede traer paz, prosperidad ni mucho menos democracia sustentable. Toda invasión u operación militar debe ser rechazada, sea ejecutada por EEUU o por cualquier Estado, en cualquier gobierno soberano, en defensa del principio de autodeterminación de los pueblos y soberanía e integridad nacional”.

Por su parte la Mesa Nacional del Frente Renovador rechazó las intervenciones militares impulsadas por Donald Trump. Lo hizo a través de un comunicado en el que señala: «La legitimidad o ilegitimidad de un gobierno no puede resolverse mediante acciones armadas de un país extranjero sino por el propio pueblo a través de mecanismos democráticos, pacíficos y soberanos. Nuestra posición ha sido clara y sostenida en múltiples ocasiones. La última vez, exigimos transparencia electoral, la publiación de los actas y señalamos la opacidad del proceso político venezolano». «Pero ninguna irregularidad institucional puede ser utilizada como justificación para una invasión, que solo agrava el sufrimiento de la población civil y viola el principio de autodeterminación de los pueblos. Asimismo, advertimos que la decisión del gobierno de Donald Trump de atacar Venezuela, invocando acusaciones de «narcoterrorismo» y eludiendo el debate y la autorización del Congreso de los Estados Unidos, constituye en si misma una decisión antidemocratica y unilateral, que desconoce los controles institucionales y el principio de división de poderes que rige en todo el sistema republicano«.

El Partido Justicialista emitió un comunicado condenando el ataque a Caracas. En la red social X publicó lo siguiente: «Desde el Partido Justicialista repudiamos y condenamos los bombardeos de Estados Unidos en Venezuela, que constituyen una amenaza para toda la región y violan la Carta de Naciones Unidas. Reafirmamos los principios de no intervención, el rechazo al uso de la fuerza y la solución pacífica de los conflictos. América Latina es territorio de paz y soberanía«.

El Centro de Estudios Arturo Sampay que es parte activa de Primero Vicente López, también se manifestó “contrario a cualquier tipo de invasión extranjera que implique intromisión en asuntos internos de un país soberano. Una democracia débil, cuestionable, no es motivo suficiente para que un país, en este caso EE.UU, haga justicia por manos propias”.

En un comunicado conjunto, los bloques de Unión por la Patria en Diputados y Justicialista en el Senado de la Nación repudiaron lo sucedido en Venezuela y expresaron que “condenan de manera categórica la intervención militar perpetrada por los Estados Unidos contra la República Bolivariana de Venezuela, así como la captura de su Presidente” y agregaron que “estos hechos constituyen una violación grave y deliberada de la soberanía de un Estado y del derecho internacional, en abierta transgresión a los principios y propósitos consagrados en la Carta de las Naciones Unidas. Se trata de una agresión armada inadmisible que ataca directamente a América Latina y el Caribe como Zona de Paz y establece un precedente de extrema gravedad para la convivencia internacional. La vulneración de la integridad territorial de un país, mediante el uso unilateral de la fuerza, pone en riesgo a toda la región, erosiona el multilateralismo y debilita los mecanismos pacíficos de resolución de controversias”.

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