Miles de mujeres volvieron a las calles por el 8M
En otro 8 de marzo marcado por la movilización, miles de mujeres, disidencias y organizaciones sociales colmaron las calles de la Ciudad de Buenos Aires y de numerosas provincias para conmemorar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora y denunciar la “ofensiva” del gobierno nacional. El acto central tuvo lugar en la Plaza de Mayo, donde se hizo la lectura de un documento colectivo titulado “Unir las luchas para derrotar las reformas esclavistas de Milei, el FMI y sus cómplices”, que reúne —según los organizadores— más de 700 firmas de organizaciones, medios y referentes.
El texto, de más de veinte páginas, enlaza denuncias históricas por desigualdad y violencia de género con una crítica contundente a las políticas económicas del gobierno de Javier Milei y su alineamiento con el Fondo Monetario Internacional. Los puntos centrales del reclamo fueron las reformas que, según las firmantes, “precarizan la vida”: la reforma laboral, la baja en la edad de imputabilidad, la reforma educativa, las políticas extractivas y la reforma previsional.
“No estamos aquí para conmemorar pasivamente una fecha. Bajo todos los gobiernos, fue la lucha y movilización en las calles la que nos permitió defender y conseguir derechos. Es el método que hoy debemos multiplicar para derrotar la ofensiva de Milei y sus cómplices”, se leyó en el documento, que cerró con una consigna colectiva: «Frente al odio, más organización; frente al saqueo, más solidaridad; frente a la crueldad, más comunidad».
La marcha contó con una amplia presencia sindical y social: hubo delegaciones de la CGT, de las centrales CTA de los Trabajadores y CTA Autónoma, de la UTEP, además de agrupaciones feministas como Ni Una Menos y Pan y Rosas —esta última integrada, entre otras, por la diputada Myriam Bregman— y la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Las organizaciones destacaron que la convocatoria fue más masiva que en años anteriores, interpretada por muchas participantes como un aumento de la disposición a enfrentar las políticas de ajuste.
La jornada tuvo réplica federal: se realizaron actos y concentraciones en provincias como Tucumán (Plaza Independencia), en Entre Ríos (El Reloj) y en la ciudad balnearia de Mar del Plata, entre otros puntos del país.
En un tramo de la movilización porteña, un grupo de manifestantes se dirigió hacia el departamento de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en el barrio de Constitución; la dirigente salió al balcón a saludar a quienes se acercaron, según consignaron varios medios.
Los reclamos del 8M estuvieron acompañados por datos que ilustran la gravedad de la situación: el observatorio de la organización MuMaLá difundió un relevamiento que registra decenas de víctimas fatales en los primeros dos meses del año y sostuvo que, entre enero y febrero de 2026, se produjeron cifras que equivalen a un femicidio cada 39 horas —un dato que las organizadoras usaron para exigir la declaración de emergencia nacional en violencia de género.
En lo económico, el Centro de Economía Política Argentina (Centro de Economía Política Argentina (CEPA)) publicó un análisis que muestra que los ingresos de los varones son entre un 27% y un 29% superiores a los de las mujeres; la brecha se agrava en el empleo informal, donde llega a alrededor del 40%. Ese diagnóstico fue citado durante el acto para graficar cómo las políticas macroeconómicas repercuten de modo diferencial sobre las mujeres y diversidades.
Sobre las responsabilidades de cuidado, un informe de la oficina de Situación de la Niñez y Adolescencia de UNICEF Argentina publicado en 2025 muestra que una proporción significativa de progenitores no cumple con la cuota alimentaria: según ese trabajo, siete de cada diez padres en situación de deber alimentario no cumplen con la cuota, lo que agudiza la carga de cuidado y mantenimiento que recae sobre las madres. Este dato fue utilizado por oradoras para subrayar la relación entre precariedad salarial, cuidados no remunerados y pobreza femenina.
Las oradoras y panelistas llamaron a articular “luchas” y construir alternativas públicas y colectivas: demandaron políticas que enfrenten la violencia machista, frenen el ajuste y garanticen derechos laborales y sociales. Para las organizadoras, la movilización del 8M fue, además de un acto de denuncia, una demostración de capacidad de organización y de que las calles siguen siendo el escenario central para disputar políticas en un contexto de crisis.

