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Cae la imagen de Milei y Kicillof sube como referente de la oposición

La última encuesta de AtlasIntel volvió a mover el tablero político argentino y dejó una señal que en la dirigencia ya se interpreta como un posible punto de inflexión. En un contexto de deterioro económico y creciente malestar social, el relevamiento no solo registra un fuerte aumento del rechazo al presidente Javier Milei, sino que también ubica al gobernador bonaerense Axel Kicillof como el dirigente opositor con mejor perspectiva de liderazgo.

El estudio, elaborado entre el 20 y el 24 de marzo sobre 5.037 casos y con un margen de error de +/- 1%, forma parte del Latam Pulse, el monitoreo mensual que AtlasIntel realiza junto a Bloomberg en distintos países de la región. Con antecedentes de haber anticipado con precisión los resultados electorales de 2023, la consultora volvió a ofrecer un termómetro de alto impacto sobre el humor social y político.

El dato más contundente del informe es el nivel de desaprobación del Gobierno nacional. Según la encuesta, el rechazo a la gestión de Milei llegó al 61,6%, el valor más alto desde su asunción. En paralelo, el 57,4% de los consultados calificó la administración como “mala” o “muy mala”, mientras que apenas el 30,3% la consideró “buena” o “excelente”.

La percepción negativa aparece directamente asociada a la situación económica. Entre las principales preocupaciones de la población, la corrupción encabeza con el 43,3%, seguida por el desempleo, con el 42,2%, y por los altos precios y la inflación, con el 35,3%. El cuadro confirma que el deterioro del bolsillo sigue siendo uno de los principales factores de desgaste para la Casa Rosada.

En ese escenario, la imagen del Presidente muestra señales claras de agotamiento. Milei conserva una positiva cercana al 38%, pero con una negativa que trepa al 62%, consolidando uno de los balances más adversos desde el inicio de su gestión.

Kicillof, en el centro de la escena

En contraste, Kicillof aparece consolidando una recuperación sostenida en su imagen pública. El mandatario bonaerense alcanza el 38% de valoración positiva, en un nivel similar al de Patricia Bullrich, aunque con una ventaja clave: su imagen negativa, de 54%, es menor a la de la ministra de Seguridad, que llega al 60%. Esa diferencia le permite exhibir un balance menos desfavorable y, sobre todo, una curva de crecimiento más nítida.

La evolución del gobernador muestra una trayectoria de altibajos. Tras comenzar en octubre de 2024 con 36% de positiva y 52% de negativa, tocó su piso en mayo de 2025, cuando cayó al 26% de aprobación. Desde julio, sin embargo, inició una recuperación que lo llevó a picos del 40% en septiembre de 2025 y enero de 2026.

Ese reposicionamiento político coincide con su reciente asunción como presidente del Partido Justicialista bonaerense y con una serie de movimientos orientados a construir volumen fuera de la provincia, en una estrategia de proyección nacional con la mira puesta en 2027.

Un mapa fragmentado

Más allá del desempeño de Milei y Kicillof, el sondeo deja expuesto un escenario de fuerte dispersión entre las principales figuras políticas. Ninguno de los dirigentes evaluados logra despegar con una imagen positiva sólida, y varios arrastran niveles de rechazo muy altos.

Cristina Kirchner registra un 34% de imagen positiva y un 60% de negativa, lo que la mantiene como una figura central dentro del peronismo, aunque con un techo claro. En el oficialismo y sus alrededores también aparecen dificultades para consolidar liderazgo: Martín Menem alcanza el 31% de positiva, Santiago Caputo el 25% y Mauricio Macri apenas el 24%, con una negativa que llega al 67%.

Más atrás se ubican Sergio Massa, con 22% de imagen positiva; Victoria Villarruel, con 20%; Karina Milei, con 19%; y Juan Schiaretti, con 17%. El panorama general que deja AtlasIntel es el de una dirigencia atomizada, sin una mayoría clara en construcción.

En ese mapa fragmentado, el ascenso de Kicillof adquiere un peso particular. No solo por sus números actuales, sino por la tendencia que marca y por la posibilidad de convertirse en el eje de una reconfiguración opositora aún en busca de orden y conducción.

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