¡Hasta siempre, Taty!
“Así como yo estoy feliz de haber parido a mis tres hijos, Alejandro me parió”, dijo alguna vez, en referencia a su hijo Alejandro Almeida, militante secuestrado a los 20 años y todavía hoy desaparecido. Taty se integró a las Madres de Plaza de Mayo y nunca más las dejó.
Compromiso, compañerismo, ocuparse del otro, como lo hicieron los 30 mil, su hijo entre ellos, fortaleza, coraje, su risa y su mirada chispeante, su voz infaltable en cada acto, todo eso era Taty. A cualquiera que la escuchara, en los más diversos ámbitos, porque dedicó la mitad de su vida a brindar testimonio, le decía: “No olvidar”.
No olvidar a nuestros hijos e hijas desaparecidos, exigir justicia, sin odio ni rencor, dar el ejemplo, no bajar los brazos. Y en cada charla repetía: “Sigan luchando por lo que crean que es justo, y cuando estén caídos, o cansados, repitan y digan bien fuerte: ‘Si las Madres pudieron, ¿por qué no nosotros?’”.
Tantas marchas, tantos momentos compartidos, amargos y dulces, tanta lucha que no cabe en un puñado de palabras, esa presencia que imponía Taty en donde fuera, esa firmeza sin perder la ternura, ese corazón que la llevó a abrazar la vida hasta el final y la convirtió en una figura central e indiscutida del movimiento de derechos humanos.
Abrazamos a su familia, amigas y amigos, y a las miles y miles de personas que se sentirán conmovidas por su partida. Se ha ido una mujer formidable, irremplazable, una amiga, una hermana, a cuya ausencia tendremos que sobreponernos, tal cual ella hubiera deseado, que la lucha continuara.
Taty querida, donde estés, con tu hijo Alejandro, descansando al fin en paz, queremos decirte que acá las locas seguimos de pie, y somos millones, ¡no nos han vencido!

