El empleo formal acumula 13 meses de caída
El mercado laboral argentino continúa mostrando señales de deterioro bajo la gestión de Javier Milei. De acuerdo con los últimos datos oficiales elaborados por la Secretaría de Trabajo a partir de la información previsional del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), en junio se registró una nueva disminución del empleo asalariado registrado. Con este resultado, ya son 13 los meses consecutivos en los que se observa una reducción de los puestos de trabajo formales.
Durante junio se perdieron 12.260 empleos asalariados registrados en todo el país. La caída alcanzó a 6.261 trabajadores del sector privado, a 5.127 empleados públicos y a 872 personas ocupadas en casas particulares. De esta manera, desde la asunción de Milei, la pérdida neta de puestos de trabajo formales asciende a 354.128.
La mayor parte de esa reducción corresponde al sector privado, que registra 246.312 empleos menos desde diciembre de 2023. A esa cifra se suman 87.629 puestos perdidos en el sector público y otros 20.187 correspondientes a trabajadores de casas particulares.
Los datos permiten observar, además, que el impacto no se distribuye de manera homogénea entre las distintas actividades económicas. La industria y el comercio aparecen entre las ramas más afectadas por la contracción del empleo registrado, mientras que la construcción continúa exhibiendo las consecuencias de la fuerte caída que atravesó durante 2024.
En el caso de la industria, la reducción de puestos de trabajo lleva ya 20 meses consecutivos. El deterioro resulta especialmente significativo porque la actividad manufacturera constituye uno de los principales sectores generadores de empleo privado registrado y cumple un papel central en la estructura productiva del país.
La construcción también figura entre las actividades más golpeadas. Luego del desplome registrado durante 2024, la cantidad de trabajadores formales del sector tendió a estabilizarse. Sin embargo, esa relativa estabilidad no necesariamente implica una recuperación del mercado laboral de la actividad, debido a que la construcción presenta históricamente uno de los mayores niveles de informalidad de la economía argentina.
Menos asalariados, más monotributistas
Uno de los fenómenos que acompaña la reducción del empleo asalariado registrado es el crecimiento del trabajo por cuenta propia. En particular, los datos muestran una fuerte expansión de la cantidad de monotributistas, en un proceso que puede ser interpretado como parte de una transformación de la estructura ocupacional.
Mientras el número de trabajadores formales del sector privado se encuentra en niveles similares a los registrados más de una década atrás, la cantidad de monotributistas aumentó de manera considerable. En enero de 2012 había 1.314.711 personas bajo este régimen, mientras que en junio de 2026 la cifra alcanzó los 2.206.800.
El incremento representa un 67,8% en ese período, es decir, casi un 70%. La evolución de ambos indicadores muestra un desplazamiento desde formas tradicionales de empleo asalariado registrado hacia modalidades de trabajo independiente o por cuenta propia.
Esta dinámica adquiere particular relevancia en un contexto de reducción sostenida de los puestos formales. Para una parte de los trabajadores que pierden su empleo registrado, el monotributo puede constituir una vía para continuar generando ingresos. Al mismo tiempo, también puede reflejar las dificultades de quienes buscan incorporarse al mercado laboral formal y encuentran cada vez menos oportunidades.
Industria y comercio, en el centro del deterioro
La evolución del empleo industrial constituye uno de los principales indicadores para evaluar el impacto de la actual orientación económica sobre el mercado laboral. La pérdida sostenida de puestos en la manufactura se combina con la retracción del comercio, dos actividades estrechamente vinculadas con el nivel de consumo interno y con la capacidad de la economía para generar empleo privado.
El escenario plantea un contraste entre la reducción del trabajo asalariado formal y el crecimiento de actividades independientes. Para los sectores críticos de la política económica del Gobierno, esta transformación constituye una consecuencia directa de un modelo que privilegia determinadas actividades primarias y extractivas por sobre el desarrollo industrial y el mercado interno.
Desde esa perspectiva, el retroceso del empleo manufacturero, comercial y de la construcción es presentado como parte de un proceso de reconfiguración de la economía argentina. La crítica sostiene que la estrategia oficial favorecería una estructura productiva concentrada en la explotación de recursos naturales, como el gas, el petróleo, el litio y otros minerales, además de las actividades tradicionales vinculadas con la producción agropecuaria.
Sus detractores advierten que una economía con mayor peso de las actividades extractivas puede generar importantes ingresos y exportaciones, pero no necesariamente crea una cantidad de puestos de trabajo suficiente para absorber a toda la población económicamente activa. En particular, señalan la diferencia entre la capacidad de generación de empleo de sectores intensivos en capital y la de actividades industriales, comerciales y de servicios.
Un mercado laboral cada vez más fragmentado
La combinación de destrucción de empleo registrado y expansión del trabajo por cuenta propia configura un mercado laboral más fragmentado. Por un lado, permanecen quienes cuentan con empleos asalariados formales y los derechos asociados a ellos; por otro, crece el universo de trabajadores independientes, informales o con vínculos laborales más precarios.
La cifra de 354.128 puestos formales perdidos desde el inicio de la actual gestión constituye, en este sentido, uno de los principales indicadores del impacto laboral de la política económica. El dato adquiere mayor relevancia al considerar que la caída no se concentró en un único período, sino que se extendió durante meses consecutivos.
El escenario también pone en discusión la calidad de los nuevos puestos que eventualmente se generan. El aumento del monotributo no significa necesariamente que se hayan creado empleos equivalentes a los asalariados perdidos. Se trata de categorías laborales diferentes, con distintas modalidades de contratación, niveles de protección y características de ingresos.
Por eso, la evolución simultánea de ambos indicadores —la disminución de los asalariados registrados y el crecimiento de los monotributistas— constituye una de las claves para analizar la transformación del mercado de trabajo durante los últimos años.
Los datos oficiales de junio vuelven a mostrar así un mercado laboral que continúa ajustándose, con la industria como uno de los sectores que acumula una caída más prolongada y con el empleo privado formal todavía lejos de recuperar el terreno perdido. En paralelo, el crecimiento del trabajo independiente aparece como una de las principales respuestas de los trabajadores frente a la menor disponibilidad de puestos asalariados.
Para las organizaciones y sectores que cuestionan el rumbo económico, esta transformación no constituye un fenómeno aislado, sino una consecuencia de un modelo que, según sostienen, reduce el peso de la industria y del mercado interno y profundiza la orientación hacia las actividades primarias y extractivas. El debate sobre el empleo, en consecuencia, excede las cifras mensuales y se proyecta sobre una cuestión más amplia: qué estructura productiva tendrá la Argentina y qué cantidad y calidad de puestos de trabajo será capaz de generar.

