Argentina hizo historia: venció a Rusia y se consagró campeona del mundo
Había llegado el momento que durante tantos años había parecido imposible. El 1 de octubre de 2016, en el Coliseo El Pueblo de Cali, la Selección Argentina disputó por primera vez una final del Mundial de Futsal.
Del otro lado estaba Rusia, un rival de enorme jerarquía que también buscaba su primer título mundial.
Para el equipo dirigido por Diego Giustozzi, era la oportunidad de transformar una campaña extraordinaria en la consagración más importante de su historia.
Argentina y Rusia enfrentaba a dos potencias con un historial de partidos de gran paridad. De siete oportunidades en que se habían medido, Rusia había logrado dos victorias, Argentina una y en cuatro oportunidades habían empatado.
Argentina y Rusia se habían enfrentado tres veces en distintas ediciones de la Copa del Mundo, en España 1996, con un empate 2 a 2, en Guatemala 2000, con victoria rusa por 7 a 1, y en Brasil 2008, con otro empate, también en dos. La victoria Argentina correspondía a un enfrentamiento amistoso en El Cairo, Egipto, en 2002, Argentina se había tomado revancha allí de la derrota de 7 a 1 y le había ganado con el mismo score.
AFA había publicado en su sitio web: “Argentina buscará esta tarde a partir de las 16.30, en la Ciudad de Cali, Colombia, coronar con una victoria un Mundial increíble y poco más de dos años de trabajo que los llevaron a disputar siete finales, tres títulos –la Copa de las Naciones en Brasil, la Continental Cup en Kuwait y la Copa América en Ecuador- pero, por sobre todo, el reconocimiento de la gente”.
El partido comenzó con una intensidad acorde con lo que estaba en juego.
Rusia consiguió ponerse en ventaja a los 16, a través del brasilero nacionalizado Eder Lima que aprovechó una serie de rebotes y una pelota boyando el área, pero Argentina mostró una de las principales características que había construido a lo largo de aquel Mundial: su capacidad para mantenerse firme frente a la adversidad y responder inmediatamente.
Alamiro Vaporaki apareció tras solo treinta segundos, habilitado en el segundo palo por Maxi Rescia, para marcar el empate y devolverle al equipo argentino la tranquilidad necesaria para continuar buscando el partido.
Y logró la ventaja en el final de los primeros veinte, con una sexta falta ejecutada por el especialista, Leandro Cuzzolino.
Al regreso del vestuario, nuevamente Eder Lima convirtió para el empate parcial, el partido estaba 2 a 2.
Argentina fue allí un vendaval, Alan Brandi apareció en dos oportunidades para darle a la Selección una ventaja que parecía encaminarla definitivamente hacia el título. Misma que estiró Constantino Vaporaki, a un minuto cuarenta del final conectando una pelota desde el área propia, cuando Rusia intentaba con arquero-jugador.
Quedaban 1.40, tres goles de diferencia, pero esto es futsal.
Rusia volvió a acercarse y convirtió por dos, el segundo de sexta falta, cuando quedaban solo 19 segundos para el final, llevando la definición a un desenlace dramático.
Pero Argentina había demostrado durante todo el torneo que podía sobreponerse a cada dificultad y todavía tenía una última respuesta. El equipo sostuvo el resultado y, cuando sonó la chicharra final con una pelota de Alamiro Vaporaki negada por el travesaño, la historia quedó definitivamente escrita.
Argentina era campeona del mundo.
El 5-4 sobre Rusia significó el primer título mundial de la Selección Argentina de Futsal y coronó un recorrido perfecto en la etapa decisiva del campeonato. El equipo de Giustozzi había superado a Ucrania, Egipto y Portugal antes de enfrentarse a Rusia en una final inolvidable, y terminó levantando el trofeo después de un partido que la exigió hasta el último segundo.
Aquella conquista no fue solamente la obtención de una Copa del Mundo. Fue la culminación de décadas de crecimiento del Futsal argentino y el resultado de un proceso que había llevado a la Selección hasta el lugar más alto. En Cali, el 1 de octubre de 2016, Argentina dejó de perseguir el sueño y se convirtió, por primera vez, en campeona del mundo.
AFA.com.ar así lo reconocía, en una nota que llevó el título de “Campeones”:
Era un secreto que se filtraba en cada mirada, en cada declaración, en cada silencio, Argentina venía a Colombia por todo, por lo máximo, por la gloria, y la consiguió, Argentina quería jugar los siete partidos, pero tenía hambre quedarse con el máximo trofeo, la máxima conquista de su historia, la Copa Mundial.
Y quizás en la cabeza de Diego Giustozzi el objetivo estuvo antes aun de empezar con el trabajo de preparación el 8 de agosto, quizás ya estaba en su corazón cuando decidió asumir el cargo allí por enero de 2014, o en su primera reunión con su plantel en Ezeiza, en febrero de 2014.
Quizás ya estaba en su horizonte cuando comenzó este ciclo que lo llevó a ganar primero la Copa de las Naciones 2014, en Uberlandia, la Continental Cup, en Kuwait, en el mismo año, y la Copa América, en Ecuador, en 2015.
O más aún, quizás ya estaba en el adn de esta selección, que tiene además, en su palmarés, la Copa KL 2003, en Kuala Lumpur, la Copa América de Paraguay, en el mismo año y la Eliminatoria Sudamericana en Gramado, Brasil, en 2014.
Hoy Nicolás Sarmiento, Damián Stazzone, Alamiro Vaporaki, Gerardo Battistoni, Maximiliano Rescia, el capitán Fernando Wilhelm, Leandro Cuzzolino, Santiago Basile, Cristian Borruto, Constantino Vaporaki, Alan Brandi, Matías Quevedo, Guido Mosenson y Pablo Taborda, junto a Matías Luicuix, Esteban Pizzi, y Diego Giustozzi, escribieron la página más importante del futsal argentino.
Hoy los festejos del plantel y una delegación que completaron el Dr. Rafael Revoredo, el kinesiólogo Pablo Capuchetti, Cristian Claverie, como jefe de prensa, el utilero, Nicolás Pérez y que presidió Damián Dupiellet, presidente de la Comisión de Futsal y Fútbol Playa, continuarán por horas, por días, más aún, lo logrado hoy, se prolongará por siempre en el tiempo.

