Editorial: Desfinanciar el futuro
Por Eduardo J. Bidegaray Editor General Prensa Chica
Recortar una partida lleva un día; reconstruir el conocimiento perdido puede tomar décadas. Ese es el daño de desfinanciar el CONICET, institución que acreditó excelencia, impulsó innovaciones y formó investigadores para resolver problemas nacionales.
Entre agosto de 2023 y agosto de 2026, el organismo perdió 3.064 trabajadores y sus recursos presupuestarios cayeron un 70% real respecto de diciembre de 2023. Los proyectos vigentes pasaron de 3.179 a fines de 2022 a apenas 480 al cierre de 2025: una caída del 85%. Detrás hay equipos desarmados y desarrollos que quizá nunca se concreten.
La dotación total bajó de 27.961 personas a 24.897. También disminuyeron investigadores, personal de apoyo y administrativos, indispensables para sostener laboratorios. La ciencia no se hace con discursos: necesita continuidad, equipa-miento, insumos y equipos capaces de transmitir experiencia.
El golpe alcanza a la renovación generacional. Entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025, los becarios cayeron de 10.905 a 9.638. Las becas doctorales bajaron de 1.300 a 1.000 y las posdoctorales, de 800 a 500. Las vacantes para ingresar a la Carrera del Investigador se redujeron de 800 a 400 y las convocatorias pasaron de anuales a biena-les. Para jóvenes formados en universidades públicas, el mensaje es claro: su país les cierra las puertas.
Sin condiciones para investigar, muchos buscan oportunidades en el exterior. Cada especialista que se marcha lleva conocimientos cuya formación financió la sociedad argentina; cada grupo disuelto deja una pérdida difícil de reparar. Otros jóvenes ni siquiera ingresarán al sistema.
El financiamiento, medido en valores constantes, pasó de 2,1 billones de pesos en diciembre de 2023 a 635.000 millones en 2026. La caída limita insumos, mantenimiento de equipos y continuidad de experimentos. Interrumpir una investigación puede echar por tierra años de trabajo. La existencia de instrumentos de apoyo no responde cuánto dinero llega efectivamente a los equipos.
El vaciamiento no es un reclamo corporativo. La ciencia pública desarrolla tratamientos, mejora procesos industriales, estudia el ambiente y responde a necesidades sociales. Sin capacidades propias, aumenta la dependencia de tecnologías importadas y se reducen las posibilidades de producir valor y empleo calificado. La soberanía también se construye con conocimiento.
El Gobierno puede presentar el ajuste como una cuenta que debe cerrar. Pero sus consecuencias alcanzan a la industria, la salud y la capacidad de decidir qué país construir. Desarmar equipos es rápido; recuperarlos exige años. La excelencia del CONICET fue resultado de inversión y políticas sostenidas.
Despreciar esa trayectoria y empujar a sus investigadores a buscar futuro lejos de su tierra, hipoteca oportunidades de toda la sociedad. La pregunta no es cuánto se ahorra recortando ciencia, sino cuánto perderá la Argentina por dejar de investigar.

