Transforman residuos en plásticos biodegradables “del futuro”
La contaminación por plásticos es una crisis global que crece año a año: se generan cerca de 400 millones de toneladas de residuos plásticos que se filtran en ríos, océanos y suelos, con riesgos para la salud y el ambiente. Frente a ese panorama, una investigadora del CONICET trabaja en una solución práctica y de bajo costo: convertir plásticos usados en moléculas reutilizables para fabricar “plásticos del futuro” biodegradables.
La científica es Elangeni Gilbert, investigadora del Instituto de Desarrollo Tecnológico para la Industria Química (INTEC, UNL-CONICET). Su proyecto, titulado Reciclado químico de plásticos, ganó la Distinción en Innovación Franco-Argentina en la categoría Junior y propone un proceso de “suprarreciclaje” (upcycling) que convierte residuos plásticos en compuestos de mayor valor en cuestión de minutos u horas.
En lugar de reciclar los plásticos para obtener materiales iguales o de menor calidad, el enfoque de Gilbert recupera los bloques químicos que forman esos polímeros y, combinándolos con agentes derivados de la biomasa, los transforma en moléculas con alto valor comercial. Es decir: el residuo deja de ser basura y pasa a ser materia prima para nuevas industrias.
Ventajas prácticas y ambientales
Hasta ahora, muchos procesos de reciclado químico requerían condiciones extremas —altas temperaturas, presiones, atmósferas inertes o catalizadores costosos—. El aporte del equipo de INTEC fue encontrar un catalizador orgánico accesible y no contaminante que permite depolimerizar —deshacer químicamente— plásticos como el policarbonato de bisfenol A (PC-BPA) a baja temperatura y en poco tiempo. Esto evita la liberación de BPA, un disruptor endocrino, y reduce emisiones de dióxido de carbono.
Otro avance clave es el llamado reciclado secuencial selectivo: la técnica aprovecha que distintos plásticos reaccionan de forma diferente y permite reciclar una mezcla de residuos paso a paso, extrayendo un tipo de plástico por etapa sin necesidad de separarlos exhaustivamente antes del proceso. Esto simplifica y abarata el tratamiento de mezclas plásticas, uno de los principales obstáculos del reciclado hoy.
Las moléculas resultantes pueden diseñarse para convertirse en diversos materiales: nuevos poliuretanos, resinas epoxi, polímeros biodegradables, e incluso solventes “verdes” y precursores para la industria química, farmacéutica, cosmética o agroquímica. Gilbert destaca que los procesos son simples, requieren baja inversión inicial y bajo consumo energético, lo que facilita su transferencia tecnológica a empresas y cooperativas y promueve creación de empleo local.
Una carrera contra la contaminación
La investigadora explica: “Cuando el reciclado deja de ser solo una buena intención y se convierte en una alternativa técnica y económicamente viable, puede generar impacto ambiental positivo, valor económico y beneficios sociales, transformando un problema ambiental en una oportunidad productiva”. Su línea de trabajo, que también busca alternativas menos tóxicas para otros insumos industriales, muestra que la ciencia puede ofrecer soluciones concretas para reducir la huella del plástico.
El proyecto de Gilbert no solo propone un camino para reducir la acumulación de plásticos en basurales y ecosistemas, sino que también plantea una forma de cerrar ciclos productivos: convertir residuos en recursos útiles, fomentando una economía más circular y menos dependiente de materias primas vírgenes. Para muchos especialistas, ese cambio es clave si la sociedad quiere mitigar los daños ambientales y sanitarios asociados al plástico.

