Dejar de fumar: solo 5% lo logra sin ayuda
Cada año, millones de personas se proponen dejar de fumar. La evidencia muestra que no es falta de voluntad lo que dificulta lograrlo, sino una adicción compleja que requiere estrategias adecuadas y acompañamiento. Entenderlo puede marcar la diferencia entre repetir el intento o transformarlo en un cambio real.
Cada comienzo de año trae balances, pendientes y deseos de cambio. Entre ellos, dejar de fumar suele ocupar un lugar recurrente. Para muchas personas no es una meta nueva, sino una que se repite año tras año.
Junto con ese propósito aparece, muchas veces, una sensación menos visible pero muy frecuente: la frustración de haberlo intentado antes y no haber podido. Esa experiencia suele vivirse como un fracaso personal, cuando en realidad refleja algo muy distinto.
No es falta de voluntad: es una adicción
Dejar de fumar no es una cuestión de carácter ni de fuerza de voluntad. La nicotina genera una dependencia real: actúa sobre el cerebro y modifica los circuitos vinculados al placer, al alivio del malestar y a la ansiedad. Con el tiempo, el cigarrillo deja de ser solo un hábito y pasa a estar asociado a momentos muy concretos de la vida cotidiana —una pausa del estrés, el cansancio y ciertas emociones—, muchas veces de manera automática.
Este mecanismo explica por qué más del 70% de las personas fumadoras quiere dejar de fumar, pero solo entre el 3% y el 5% lo logra sin ningún tipo de ayuda, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Lejos de ser un dato desalentador, este número permite correr el foco de la culpa: no dejar de fumar a la primera no es fallar, es parte del proceso de una adicción.
Cuando una persona intenta dejar de fumar sola, se enfrenta simultáneamente al síndrome de abstinencia, a la ansiedad, a los cambios de humor y a múltiples disparadores cotidianos, muchas veces sin herramientas suficientes. Si el intento no se sostiene, suele vivirse como un error personal, cuando en realidad forma parte de una enfermedad crónica con recaídas.
Cada intento no es un retroceso, sino una etapa de aprendizaje. Desde la Asociación Argentina de Tabacología brindan algunas claves:
- No existe el momento ideal: Lo central no es el calendario, sino la estrategia con la que se encara el proceso.
- Planificar marca la diferencia: Implica dejar de improvisar y empezar a anticiparse. Identificar qué situaciones activan el deseo de fumar, pensar cómo atravesarlas y contar con recursos concretos para esos momentos.
- Hay que trabajar la motivación personal: Escribir los motivos para dejar de fumar —la salud, el cansancio, la familia, el deseo de sentirse mejor— y volver a leerlos cuando aparecen las dudas puede ayudar a sostener el proceso.
- Introducir pequeños cambios puede ser de gran ayuda: Modificar rutinas, evitar ciertos automatismos o cambiar hábitos asociados al cigarrillo debilita su lugar automático en la vida cotidiana.
- Poner una fecha: salir del “algún día”. Elegir un día concreto para dejar de fumar y prepararse de manera más consciente. No se trata de una decisión impulsiva, sino de un paso pensado dentro de un proceso más amplio.
Hacerlo distinto para obtener resultados distintos
Seguir intentando siempre de la misma manera suele llevar al mismo resultado. Por eso, si dejar de fumar vuelve a aparecer como meta este año, tal vez la clave no sea insistir con más voluntad, sino hacerlo distinto.
Informarse, pedir ayuda y entender que se trata de un proceso —y no de una prueba personal— puede cambiar el recorrido. Cuando se corre el foco de la culpa y se pone en la estrategia, la frustración pierde peso. Y dejar de fumar deja de ser una promesa que se repite cada enero para transformarse, finalmente, en una posibilidad real.
¿Necesitás ayuda para dejar de fumar?
www.asat.org.ar // secretariaasat@asat.org.ar

