ActualidadEconomía

Gestión Milei: la industria no para de caer

La actividad industrial volvió a mostrar señales de debilidad en noviembre y alcanzó su nivel más bajo en casi año y medio, con una contracción mensual y un derrumbe interanual que confirman la profundización de la crisis productiva. Los datos oficiales del INDEC registran una caída mensual del 0,6% (serie desestacionalizada) y un retroceso interanual del 8,7% en la producción manufacturera, la peor performance en magnitud desde mediados de 2024.

Que la industria se hunda a pesar de la relativa calma financiera pos-electoral no es un dato menor: ese entorno debería haber facilitado decisiones de inversión y reactivación de la demanda interna, pero los números muestran lo contrario. Con este resultado, la serie del IPI manufacturero tocó su piso desde julio de 2024, consolidando tres meses consecutivos de caída.

Sectores que confirman el diagnóstico

No se trata de un fenómeno acotado: quince de las diecinueve ramas relevadas mostraron retrocesos interanuales en noviembre, con impactos severos en actividades que concentran empleo y encadenamientos productivos. Entre los golpes más notorios figuran textiles, prendas de vestir, cuero y calzado (-22,7% interanual); automotores y otros equipos de transporte (-20,7%); y productos de metal, maquinaria y equipo (-18,2%), donde se incluye el fuerte retroceso en electrodomésticos. Estas cifras revelan que la apertura comercial y la competencia de importaciones están ahogando plantas y puestos de trabajo.

La retracción no se limitó a la manufactura: la construcción mostró una caída mensual significativa (4,1% según el ISAC) y señales mixtas en el empleo y los insumos, lo que profundiza el clima de debilidad en la inversión y la demanda interna.

El diagnóstico se completa con la encuesta de expectativas: una porción muy reducida de empresas industriales espera un aumento de la demanda para 2026, lo que alimenta la parálisis de decisiones de inversión y contratación. El pesimismo empresario —medido por encuestas oficiales y privadas— refuerza la idea de que la caída de la producción no es un episodio temporal sino el efecto de un cambio estructural inducido por políticas y por la pérdida de competitividad.

¿Dónde está el plan del gobierno?

Aquí reside la principal crítica: frente a un problema que combina pérdida de mercados internos, choque por apertura de importaciones y falta de estímulos a la inversión industrial, el Ejecutivo no ha mostrado —hasta ahora— respuestas que reviertan la tendencia. La exposición de ramas claves a la liberalización comercial ha sido señalada por analistas y por la propia cobertura periodística como un factor central en la caída, pero la política oficial continúa privilegiando el esquema de apertura sin contrapartidas visibles para sostener el entramado productivo.

Más aún: la discrepancia entre la mejora de las expectativas financieras y la caída real de la actividad pone en evidencia que la gestión pública no logró traducir estabilidad nominal en políticas activas de reindustrialización —créditos productivos orientados, promoción de encadenamientos, salvatajes condicionados o regulaciones temporarias frente a importaciones traumáticas— que ofrezcan a empresas y trabajadores un horizonte mínimamente creíble.

La inacción tiene costos concretos: cierre de líneas de producción, pérdida de empleos de mayor calificación, pérdida de proveedores locales y deterioro de la base tributaria. A mediano plazo, la continuidad de esta dinámica erosiona la capacidad del país para agregar valor, exportar y sostener salarios reales: una receta directa para mayor desocupación y empobrecimiento productivo.

Los números del INDEC no son una advertencia: son la constatación de una tendencia que avanza. El gobierno —que proclamó una nueva etapa de estabilidad— debe asumir que la calma financiera sin políticas industriales activas es insuficiente. Si no se articulan medidas concretas y urgentes para frenar la apertura indiscriminada, apuntalar la demanda interna y facilitar crédito productivo condicionado a preservación de empleo y encadenamientos, la caída de noviembre será apenas el prólogo de una desindustrialización más profunda y difícil de revertir. Los hechos están ahí; faltan las decisiones.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *