La gente cada vez más desencantada con la economía de Milei
A dos años del inicio del gobierno de Javier Milei, el malestar social se profundiza en el Área Metropolitana de Buenos Aires y entre los trabajadores aparece un diagnóstico cada vez más extendido: la situación económica empeoró, las deudas ahogan a los hogares y crece el pesimismo hacia el futuro. Así lo refleja el último informe de la consultora Indaga, que tomó el pulso del ánimo social en base a entrevistas a más de 3.600 trabajadores.
El relevamiento, correspondiente al período abril de 2024-marzo de 2026, muestra que el 76% de los trabajadores del AMBA considera que hoy está peor que en 2024. En materia de empleo e ingresos, la disconformidad con la propia situación económica saltó del 47% al 76% en apenas dos años, una suba de casi 30 puntos que da cuenta del deterioro sostenido en las condiciones de vida.
El impacto también se refleja en los hábitos cotidianos. Si en 2024 el 65% aseguraba que no modificaba su alimentación ni su consumo, hoy el 87% de las familias admite haber cambiado sus patrones de compra. Entre los recortes más frecuentes aparecen la menor compra de carne y la elección de segundas y terceras marcas, una conducta que se volvió habitual frente a la pérdida de poder adquisitivo.
La situación financiera de los hogares tampoco da señales de alivio. Hace dos años, casi la mitad de los encuestados describía como complicada su situación de deudas. Actualmente, ese porcentaje asciende al 79%, lo que confirma una creciente imposibilidad de cumplir con los compromisos mensuales y llegar a fin de mes sin sobresaltos.
El informe también registra un fuerte giro en las expectativas. Ante la pregunta sobre cómo creen que estarán dentro de seis meses, el pesimismo pasó del 28% al casi 70%. Dentro de ese universo, los “muy pesimistas” y “algo pesimistas” crecieron del 41% al 69% en dos años. A la par, el 90% de los consultados responsabiliza al gobierno nacional por la situación actual, mientras que el 82% considera que el “esfuerzo económico” que pidió el oficialismo no valdrá la pena, muy por encima del 40% registrado en 2024.
Lejos de expresarse en resignación, estos datos conviven con un clima de creciente malestar y con la percepción de que la crisis no tiene salida dentro del rumbo actual. En ese marco, la movilización del 24 de marzo fue leída por distintos sectores como un nuevo hito de lucha y como una señal de que se amplía la conciencia sobre el rol de los grupos económicos concentrados en el deterioro de las condiciones de vida.
Con más deudas, menos consumo y una expectativa de futuro en caída libre, el informe de Indaga sintetiza un escenario social atravesado por el cansancio, la bronca y la idea de que la confrontación política y social empieza a ganar terreno como respuesta.

