Las familias se endeudan para poder vivir
Un informe de la consultora EcoGo, con base en datos del Banco Central, vuelve a poner en evidencia la profunda caída del poder adquisitivo y la creciente fragilidad financiera de los hogares argentinos. Aunque la erosión del salario real es un fenómeno de larga data, EcoGo advierte que durante los dos años de gobierno de Javier Milei el proceso se aceleró: tarifazos en servicios —incluido el transporte, esencial para muchos trabajadores de larga distancia— y subas exponenciales en los alimentos empujaron a las familias a recurrir masivamente al crédito.
Según el trabajo, los hogares cerraron 2025 con un endeudamiento equivalente al 140% de sus ingresos mensuales agregados, y con una batería de saldos cada vez más concentrados en las llamadas billeteras virtuales. Estas plataformas, que ofrecen acceso inmediato y aparentemente sencillo a “deuda instantánea”, se convirtieron en un canal de financiamiento alternativo cuando el crédito bancario tradicional se vuelve inaccesible o insuficiente.
Mora en alza: triplica el nivel del año anterior
La radiografía de EcoGo revela una preocupante aceleración de los retrasos en los pagos. La mora en préstamos otorgados por entidades de crédito no bancarias alcanzó el 21,4% —incluye deudores en riesgo medio, alto o irrecuperable—, frente a un 7,4% registrado en noviembre del año anterior. Ese salto equivale a un quiebre en la solvencia de una porción sustantiva de la población: la proporción de morosos se triplicó en solo un año.
Dentro de ese universo, el segmento definido como “irrecuperable” —deudores con más de un año de impago— llegó al 6,4%, más del doble del 2,6% del año previo. Esos números indican no sólo tensión transitoria, sino consolidación de desaliento y pérdida de capacidad de pago en amplios sectores.
Billeteras virtuales: acceso rápido, costo alto
EcoGo destaca el creciente peso de las billeteras virtuales en la estructura del pasivo familiar. La expansión de estas plataformas no sólo responde a la oferta: muchas personas con trabajo registrado y acceso a tarjetas de crédito agotaron su capacidad en los bancos y buscaron ampliar líneas por fuera del sistema tradicional. Para una porción relevante de la fuerza laboral —la consultora recuerda que cerca de la mitad de los aproximadamente 22 millones de trabajadores económicamente activos no están registrados— las billeteras son, con pocas alternativas, la puerta de entrada al crédito formal, pero a tasas superiores a las bancarias.
Marina Dal Poggeto, directora de EcoGo, sintetiza la dinámica: “Muchas personas que tienen acceso a crédito formal, a una tarjeta de crédito, no les alcanza para llegar a fin de mes y usan mecanismos alternativos de crédito como las billeteras virtuales”. Y agrega: “Las cuotas en los últimos años se licuaban con la inflación, ahora no se licúa más”. Esa frase resume el fin de un mecanismo compensador para los deudores: cuando la inflación funcionaba como amortiguador de la deuda nominal, las cuotas perdían valor real; con la nueva dinámica, el relieve de las cuotas sobre el ingreso se vuelve más inmediato y doloroso.
Entre los factores que EcoGo atribuye al deterioro figuran la suba de tasas de interés en los meses previos a las elecciones, episodios de corrida cambiaria y una marcada dolarización de ahorros que presionó la oferta crediticia. Asimismo, durante 2025 se observó un incremento significativo en la demanda de crédito tanto por parte de personas como de empresas, en un contexto de caída de la producción y aumento del desempleo en sectores clave.
En un contexto de primarización económica y niveles récords de contracción industrial, la consultora señala que la deuda se ha transformado en un mecanismo cotidiano para poder afrontar necesidades básicas: alimentación, transporte y servicios. Pero ese recurso erosiona la resiliencia financiera familiar y deja una huella de riesgo sistémico.
Implicancias sociales y financieras
La combinación de alto endeudamiento, aumento de la mora y expansión de instrumentos de crédito de mayor costo plantea un mapa de vulnerabilidad que puede traducirse en pérdida de consumo sostenible, aumento de procesos de exclusión financiera y mayores demandas sociales. Para los bancos tradicionales, añade el informe, existen mecanismos de cobro más “aceitados” y costos financieros más bajos, por lo que los clientes suelen priorizar mantener esos canales; en cambio, las nuevas plataformas concentran a deudores más expuestos.
El diagnóstico de EcoGo es claro: la actual dinámica revela un empobrecimiento acelerado de la clase trabajadora y una fragilización de la economía doméstica que requiere respuestas de política —no sólo paliativas— orientadas a recuperar el poder de compra, regular los mercados de crédito alternativo y reactivar la producción para reducir la dependencia del endeudamiento como mecanismo de sobrevivencia. Sin esas medidas, el informe sugiere, la crisis del bolsillo doméstico tenderá a profundizarse y sus efectos a mediano plazo podrían trasladarse a la estabilidad financiera y social del país.

