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Falla en el colesterol “bueno”, predispone al riesgo cardiovascular

Hipertensión arterial, triglicéridos y colesterol altos, tabaquismo, obesidad, entre otros. Son los principales factores relacionados a la aterosclerosis, una enfermedad que deriva en la formación y acumulación de placas de grasa en las arterias, causando paulatinamente su estrechamiento y endurecimiento, dando lugar a su vez a obstrucciones o bloqueos del flujo sanguíneo. ¿Lo que sigue? Infartos o accidentes cerebrovasculares. Más allá de los hábitos y conductas posibles de detectar y revertir, algunas de las causas son silenciosas y capaces de pasar inadvertidas durante mucho tiempo, solo para hacerse evidentes con un evento devastador y casi siempre irreversible. Es el caso de los rasgos congénitos, esas características o anomalías presentes desde el nacimiento, y que muchas veces esconden riesgos eventuales de diversa índole. La posibilidad de comprenderlos para lograr controlarlos o frenarlos es una cuestión que entusiasma a científicos y científicas de todo el mundo, y por estos días un equipo argentino celebra un importante hallazgo alcanzado junto a colegas estadounidenses y publicado en la revista Journal of Lipid Research.

Mientras que la mayoría de los estudios científicos sobre el tema se concentraban en revisar minuciosamente las funciones de esta proteína, Díaz Ludovico y colegas corrieron el foco hacia su estructura, y fue recién entonces que, luego de someterla a una combinación de técnicas de biofísica avanzada y análisis clásicos, detectaron la alteración que, sostienen, sería la causante escondida de la falla en su funcionamiento. Según comenta González, “en el laboratorio del INIBIOLP solo se habían estudiado algunos aspectos de la función de la proteína mutada y habíamos observado que no podía remover colesterol de las células como lo hace la proteína normal”.

Así, Díaz Ludovico se contactó con el departamento de Patología y Medicina de Laboratorio de la Universidad de Cincinnati, Estados Unidos, un espacio de investigación con una vasta experiencia en el estudio de problemas estructurales de las proteínas, donde pusieron en práctica un entrecruzamiento químico seguido por una espectrometría de masas, mediante la cual lograron detectar que la estructura de esta variante de APOA1 era anómala comparada con la proteína nativa, es decir, sin la mutación. “La falla más importante la vimos en su interacción con más moléculas de APOA1, es decir su autoasociación, un aspecto fundamental para esta proteína”, subraya Díaz Ludovico, y desarrolla: “En su estructura monomérica, es decir cuando es ella solita, ya presenta aberraciones, es decir anomalías importantes. Si bien esto no explica per se su patogenicidad, es un fuerte indicador de que la disfunción estaría a nivel de la estructura”. El equipo tiene algunas hipótesis de lo que podría suceder posteriormente, aunque aclara que todavía hacen falta estudios para comprobarlas o refutarlas. Por un lado, sospechan que la proteína en este estado podría ser más propensa a una interacción descontrolada y, por otro, que no lograría la forma adecuada que tiene que tener para cumplir esa función de colesterol “bueno”.

Esta interacción deficiente consigo misma podría dar lugar a agregaciones anómalas, una especie de semilla que ya desde su origen es incapaz de generar estructuras funcionales”, explica Tricerri. La segunda de las hipótesis, por su parte, tiene que ver concretamente con el transporte del colesterol acumulado en las arterias, que el colesterol “bueno” engloba para llevar al hígado. “El HDL vacío tiene forma de un disco y, al cargarse con los lípidos y grasas, se rellena y adquiere un formato esférico para transportar la mayor cantidad posible. Pero este fenómeno depende de la autoasociación de APOA1 durante el proceso y, si eso fue deficiente, es probable que no se alcance la forma o el tamaño del HDL adecuados para una correcta remoción”, añade Díaz Ludovico. Un punto que resaltan los autores de la investigación es que esta proteína tiene muchas otras mutaciones conocidas, algunas patológicas, y que normalmente repiten patrones, con lo cual descubrir el problema en esta variante en particular podría servir para explicar la causa de otros problemas de salud.

Las enfermedades cardiovasculares son una de las principales causas de muerte en el mundo y, como ya se mencionó, su progresión es lenta y silenciosa. La mayor parte de los reportes de esta variante de APOA1 corresponden a personas que presentan aterosclerosis avanzada en edades jóvenes y sin tener factores de riesgo como obesidad o hipertensión. “Lamentablemente hoy no se sabe la incidencia de esta variante en Argentina y, cuando se detecta algún síntoma, se indica medicación pero no se estudian las causas profundas a nivel de la biología celular, como en este caso”, apunta Tricerri, al tiempo que Díaz Ludovico añade: “Conocer la explicación de una patología permite entender por qué algo funciona mal, pero también los motivos que subyacen al buen funcionamiento, entonces estas conclusiones pueden tener relevancia traslacional, es decir aplicables a la medicina clínica, y convertirse en aportes concretos para el desarrollo de nuevas herramientas diagnósticas y terapéuticas”.

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