Política

Cuenta regresiva para Atenea, el satélite argentino que viajará a la Luna

Parece ciencia ficción, pero es ciencia argentina: comenzó la cuenta regresiva para que Atenea, un satélite fabricado íntegramente en el país, sea lanzado al espacio en la misión de la NASA que vuelve a llevar al ser humano a la Luna después de más de cincuenta años. 

Artemis II buscará explorar por primera vez el lado oscuro de la Luna. La nave Orión llevará a cuatro astronautas, entre ellxs, a Christina Koch, que se convertirá en la primera mujer en viajar al satélite terrestre. Esta vez, solo será un vuelo orbital, pero la idea es que con Artemis III —prevista para mediados de 2027—, los astronautas alunicen en busca de depósitos de agua congelada que permitan evaluar si es posible construir una estación espacial para avanzar hacia el próximo objetivo: la exploración de Marte.

No solo es un hito para la Argentina, sino para la región: Atenea es el único satélite latinoamericano elegido para esta aventura espacial. Su desarrollo fue comandado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y realizado junto con equipos de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la Universidad de Buenos Aires (UBA), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR) y la empresa argentina aeroespacial VENG.

“Disfruté el proyecto de punta a punta. Lo que más valoro es la interacción que se logró entre las diferentes universidades, que incluso puede profundizarse. Pero creo que es un gran primer paso para una misión satelital entre universidades, por supuesto junto con la CONAE, VENG, la CNEA y el IAR, que sin dudas marca un antes y un después”, celebra Gabriel Sanca, doctor en Ciencias Aplicadas, graduado y docente de la UNSAM, e integrante del LabOsat. La tarea de este equipo fue desarrollar una de las dos cargas útiles de Atenea, compuesta por sensores fotomultiplicadores de silicio, con la idea de probar su uso como tecnología de comunicación por luz visible.

Gabriel Sanca, investigador del LabOSat (Foto: Juan Lastiri, ECyT-UNSAM)

El diseño de la plataforma del satélite estuvo en manos de la Facultad de Ingeniería de la UNLP. El grupo del Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA) fabricó la estructura y se encargó de que todos los subsistemas se vinculen correctamente, y el grupo de Sistemas Electrónicos de Navegación y Telecomunicaciones (SENyT) desarrolló la computadora de a bordo, el sistema de comunicaciones y un receptor de GPS (la segunda carga útil). “Lo más interesante fue la experiencia de trabajar con gente de alto nivel y aprender de ellos, mejorando nuestras capacidades para futuros proyectos. También la oportunidad de haber podido viajar y estar en las instalaciones de la NASA”, cuenta Aldana Guilera, estudiante de Ingeniería Aeroespacial de la UNLP e integrante del CTA.

El equipo Astar Aeroespacial, compuesto por docentes y estudiantes de la Facultad de Ingeniería de la UBA, desarrolló el sistema de carga de baterías del satélite. Sofía Baldoni, estudiante de Ingeniería Electrónica, destaca la confianza que depositó la CONAE en el grupo para participar de una misión tan importante. “Esa confianza se tradujo en un trabajo en equipo muy natural, donde nos complementamos bien y todo fluyó desde el principio”.

Por su parte, el Departamento de Energía Solar (DES) de la CNEA es el único laboratorio del país donde se fabrican paneles solares de uso espacial. Los paneles tienen la misión de “alimentar” al satélite con energía para que puedan transmitir información a la Tierra. “Lo que más me gusta de este tipo de trabajo es lo colectivo. La coordinación permanente fue fundamental y estar en sintonía con los compañeros fue clave para no cometer errores”, cuenta Laura González, graduada de la Ingeniería en Energía por la UNSAM y jefa de proyecto en el equipo de la CNEA.

Montaje de paneles solares. (Foto: CNEA – UNLP)

En el predio del IAR, tuvieron otra tarea clave: realizar los ensayos de las antenas de Atenea en una cámara diseñada para simular las condiciones del espacio. También construyeron una estación terrena con una antena de 4,3 metros para recibir las señales del satélite. “Tuvimos que conjugar todo nuestro conocimiento radioastronómico con el conocimiento del sector espacial para crear una estación terrena altamente funcional que nos permita recibir señales del espacio profundo”, detalla Gustavo Romero, director del IAR e investigador superior del CONICET.

En el caso de VENG, la tarea consistió en fabricar todo el cableado que Atenea necesita para el vuelo y para sus pruebas funcionales antes del lanzamiento. “Lo que más disfruté fue la parte de la integración y armado del satélite, que se hizo acá en el Centro Espacial Teofilo Tabanera (Córdoba). Durante esta fase, suelen surgir problemas que hay que resolver en el momento y esa adrenalina está buena. Independientemente del rol, se colabora a la par”, relata Nicolás Balbi, ingeniero en Telecomunicaciones e integrante del equipo.

Nada de todo lo anterior hubiera podido hacerse sin los directores de orquesta: el equipo de la CONAE que, además de coordinar, tuvo diversas tareas a cargo. El ingeniero electrónico Santiago Husain Cerruti, por ejemplo, se ocupó de diseñar el sistema de control de orientación. Su función principal será frenar el satélite de la rotación inicial aleatoria que tendrá cuando sea eyectado del cohete SLS, determinar dónde está el Sol y apuntarlo hacia allí para asegurar la carga constante de las baterías. “La mejor parte fue trabajar con un equipo de profesionales con muchísima experiencia en la industria espacial, con los que desarrollamos un gran sentido de camaradería”, resalta el ingeniero. “De este tipo de interacciones se aprenden cuestiones técnicas, pero también otras que no se encuentran en ningún libro de ingeniería”.

En los ensayos en el IAR se simulan las condiciones del espacio (Foto: Gentileza IAR)

¿Cómo llegamos al espacio?

El objetivo de Atenea, que será eyectado antes de que Orión orbite la Luna, es probar y validar tecnología espacial desarrollada en la Argentina, en una órbita muy particular por su forma elíptica. En su punto más lejano, el satélite estará a 70 mil kilómetros de la Tierra, el doble de lo que llega un satélite geoestacionario como el ARSAT, convirtiendo a Atenea en el satélite argentino que más lejos haya llegado. Todo eso, condensado en el cuerpo de un microsatélite de 30 x 20 x 20 centímetros. 

Pero, ¿cómo llegamos a esta oportunidad única?

La CONAE es la agencia espacial argentina y realiza desarrollos aeroespaciales desde 1991 en el marco del Plan Espacial Nacional. Ya trabajó con la NASA en otras misiones satelitales, como el SAC-D/Aquarius, lanzado en 2011 para medir la salinidad de los océanos. El desarrollo de Atenea forma parte del programa SARE (Sistema de Alta Revisita), que busca fabricar satélites de bajo costo y rápida producción, con el objetivo de hacer más accesibles los altos costos de lanzamiento. Su trayectoria de más de tres décadas fue clave para que la NASA eligiera al satélite argentino, junto con desarrollos de Alemania, Corea del Sur y Arabia Saudita.

“Somos algo así como una gran familia aeroespacial”, dice Husain Cerruti, y cuenta que el gran desafío que tuvo el proyecto Atenea fue adaptar su diseño a una misión tripulada. “Esta particularidad hizo que el diseño de los subsistemas del satélite tuviera que cumplir cotas de confiabilidad y seguridad más rigurosas de lo normal. Es decir, Atenea fue diseñado y fabricado de forma tal que no ponga en riesgo la vida de los astronautas”.

Ensayos de ATENEA en las instalaciones de VENG. (Foto: Anabel Diez – VENG)

El ingeniero señala que para que un desarrollo de esta complejidad sea posible es indispensable la interacción con los equipos de las universidades, instituciones y empresas que conforman el ecosistema espacial nacional, cuyo conocimiento también se fue desarrollando a lo largo de los años. 

Por ejemplo, gracias al trabajo en los satélites SAOCOM 1A y 1B —desarrollados durante dos décadas—, la CNEA ganó experiencia en la confección de los paneles solares y VENG lo hizo en la fabricación del cableado de vuelo y la realización de ensayos ambientales. En tanto, la experiencia de los técnicos del IAR incluye, entre otros proyectos, el desarrollo de los sistemas de navegación y control del Tronador II, el futuro lanzador satelital argentino, mientras que el grupo de la UNSAM ha trabajado en la electrónica de nanosatélites (CubeSats) durante la última década y el de la UNLP está terminando el USAT 1, el primero de cinco satélites universitarios.

Y allí radica el secreto de cómo Atenea pudo construirse rápidamente ante el pedido de la NASA: gracias a las capacidades científico-tecnológicas construidas durante décadas, la inversión en el sector —aunque con vaivenes, según el gobierno de turno— y la formación de profesionales altamente calificados —muchxs, en universidades públicas—.

Ensayo en el LabOSat de la UNSAM. (Foto: Juan Lastiri – ECyT UNSAM)


Tecnología espacial hecha —orgullosamente— en Argentina

El desarrollo de tecnología satelital y espacial requiere de una inversión sostenida a largo plazo. Si bien el Plan Espacial Nacional impulsado por la CONAE ha logrado enviar numerosos satélites al espacio, los contextos de crisis —como el que atraviesa actualmente el sistema científico— afecta el avance de los proyectos. Por eso, la fabricación y lanzamiento de un satélite argentino resulta una buena oportunidad para entender la importancia de que el país continúe invirtiendo en el sector.

“Uno de los grandes valores que tiene Argentina es su capital humano: esa capacidad de trabajar con lo que hay y de sacar adelante proyectos complejos, incluso en contextos difíciles. Por eso es clave cuidar a las universidades y seguir invirtiendo en ciencia y desarrollo espacial, para que las futuras generaciones puedan formarse y sostener ese nivel de conocimiento”, considera Baldoni.

Equipo de Astar Aeroespacial de la FIUBA (Foto: Gentileza Astar)

Sanca remarca que los países más ricos son los que invierten en ciencia y tecnología, y que “podemos discutir cómo invertir, de qué manera, en qué, pero no si hay que hacerlo o no, porque esa discusión ya está saldada”. Por su parte, Husain Cerruti señala que el desarrollo del sector espacial impulsa cadenas de valor complejas y tecnologías de alto valor agregado. “Cuando estas inversiones se interrumpen, se pierden capacidades productivas, equipos técnicos especializados y oportunidades de transferencia. Retomar ese camino luego resulta mucho más costoso que sostener la continuidad”, apunta.

Romero agrega que los desarrollos que comienzan en el sector espacial tienen, además, un enorme abanico de aplicaciones tecnológicas que derraman en otras áreas, atendiendo diversas necesidades: “Por ejemplo, el IAR tiene todo un departamento dedicado a las aplicaciones médicas de la tecnología espacial, que van desde el desarrollo de aparatos portátiles de diálisis, hasta tomógrafos por microondas. Todo eso, utilizando tecnología que originalmente fue concebida para uso espacial”.

Etapa final de integración del satélite (Foto: Anabel Diez – VENG)

La cuenta regresiva está en marcha

Falta cada vez menos para el momento en que el cohete SLS despegue del Centro Espacial Kennedy, situado en el Cabo Cañaveral de Florida, Estados Unidos. La NASA estableció tres ventanas posibles de lanzamiento, que dependen de cuestiones como la cercanía de la Luna con la Tierra —a mayor cercanía, menos gasto de combustible—, las condiciones meteorológicas y la validación de seguridad en los últimos ensayos. La primera ventana (febrero) ya ha sido descartada, por lo que ahora la ventana más próxima es del 6 al 11 de marzo (y la siguiente será en abril).

Mientras tanto, las y los científicos responsables de que Argentina esté a punto de mandar un satélite en la histórica misión lunar de la NASA viven la cuenta regresiva con una mezcla de ansiedad, emoción y satisfacción por el trabajo realizado. “Estamos con mucha expectativa de poder recibir señales de nuestro satélite Atenea. Mi plan es verlo con la familia, tengo dos niñas pequeñas que miran lanzamientos con el mismo interés que cualquier película infantil”, cuenta Balbi.

Parte del equipo de la Facultad de Ingeniería de la UNLP (Foto: Prensa Ingeniería UNLP)

Guilera también imagina el momento en que Atenea abra sus antenas y empiece a transmitir información desde la inmensidad del espacio. “Seguramente nos juntemos con la CONAE porque hay que hacerle el seguimiento al satélite y recibir los datos”, señala. En el IAR, situado en el partido bonaerense de Berazategui, repetirán la tradición de cada lanzamiento: juntarse a verlo en la sala de conferencias del instituto. 

Varios asistirán al Centro Cultural de la Ciencia (C3), en Palermo (CABA), donde se realizará una transmisión en vivo, en una jornada que contará con la presencia de integrantes de los distintos equipos (fecha a confirmar). Husain Cerruti dice que irá acompañado de mate y tortas fritas, mientras que González dirá presente junto a sus compañeros y su hija. Baldoni, que aún está tratando de salir del shock “por lo rápido que pasó todo”, también asistirá al C3 junto a sus compañerxs. “Va a ser abierto al público —aclara—. ¡Así que están todos invitados!”.

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