La UCA alertó por el agravamiento de las condiciones de vida de niños y adolescentes
La situación de las infancias y adolescencias volvió a quedar expuesta en un nuevo informe de la Universidad Católica Argentina (UCA), elaborado a partir de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA) 2010-2025. El estudio muestra un cuadro alarmante en materia habitacional, educativa y de acceso a bienes básicos, con impactos directos sobre el desarrollo, la salud y las oportunidades de millones de chicos y chicas en el país.
Entre los principales datos, el relevamiento señala que el 20,9% de los niños, niñas y adolescentes vive en condiciones de hacinamiento, mientras que el 18,1% habita en viviendas precarias. A ello se suma una deuda estructural persistente: el 42% reside en hogares sin saneamiento adecuado. Según el informe, estas dificultades se profundizan aún más en el Conurbano bonaerense, donde la vulnerabilidad social y material adquiere mayor intensidad.
El cuadro habitacional también repercute en la vida cotidiana dentro del hogar. El 26,9% de los chicos y chicas comparte cama o colchón con familiares o tutores, un dato que da cuenta de la fragilidad de las condiciones de vivienda. A la vez, el 55% no realiza actividad física extraescolar y más del 80% no participa en actividades culturales, lo que limita no solo el esparcimiento, sino también la sociabilidad y el acceso a experiencias formativas fuera del aula.
La exclusión tecnológica aparece como otra de las marcas de la desigualdad. En 2025, el 18,7% de los NNyA no utiliza internet y el 15,8% no cuenta con conexión en el hogar. Además, el 49,6% vive sin computadora, una carencia que restringe el acceso a recursos educativos, información y herramientas fundamentales para estudiar y desenvolverse en un contexto cada vez más digitalizado.
En el plano educativo, el informe vuelve a encender alertas. El 24,4% de los niños y niñas de 3 a 5 años no asiste al nivel inicial, mientras que el 7,8% en primaria y el 23,6% en secundaria presenta déficits en su trayectoria escolar. El estudio advierte que los adolescentes de sectores bajos tienen hasta cinco veces más probabilidades de abandonar sus estudios, reflejando una brecha que no solo reproduce la desigualdad, sino que también condiciona el futuro de amplios sectores populares.
La oferta educativa también aparece limitada en su contenido y alcance. El 82,6% no accede a jornada extendida, el 57% no recibe enseñanza de computación y el 39,7% no tiene clases de idiomas. En ese marco, el informe sugiere que las trayectorias escolares se debilitan no solo por la pobreza estructural, sino también por la falta de políticas públicas que amplíen derechos y reduzcan las distancias entre sectores sociales.
Las consecuencias, sostienen los datos de la UCA, no se agotan en el aula. La precariedad habitacional, la falta de acceso a servicios esenciales, la insuficiencia de recursos tecnológicos y la desigualdad educativa configuran una trama que limita el presente y achica el horizonte de futuro de niños, niñas y adolescentes. En los barrios populares, donde estos problemas se agravan, la discusión vuelve a girar en torno a una misma cuestión: sin inversión social, sin infraestructura y sin un proyecto que priorice a las mayorías, las brechas seguirán profundizándose.

