“Todavía estamos buscando, todavía estamos encontrando”
Abuelas de Plaza de Mayo celebró su 49º aniversario. Por segundo año consecutivo entregó el premio Abriedoras y Abridores de Caminos a quienes acompañaron a la institución en la búsqueda de los nietos. El C Art Media estuvo repleto, con importante presencia de personalidades artísticas, culturales, políticas y sociales.
En el C Art Media se realizó el festejo por los 49 años de incesante búsqueda de las Abuelas de Plaza de Mayo. En este caso se entregaron por segunda vez los Premios Abridores de Caminos, un galardón que reconoce a las personas que han acompañado a la institución y han trabajado para una sociedad con memoria, verdad y justicia.
El evento arrancaba a las 19 horas, pero desde antes de las 18 las personas ya esperaban haciendo fila en la vereda. El clima fue un poco distinto, algo parecido a una primavera, y es importante mencionarlo porque Buenos Aires viene de un eterno nublado que parece no terminar jamás. Ese día, para las Abuelas, decidió despejarse un ratito, un buen augurio de lo que sería la jornada. También había templado el ánimo la reelección, el día anterior, de Inácio Lula Da Silva como presidente de Brasil.
Al acto se acercaron personalidades de la política, del arte, el espectáculo y la cultura. Entre ellos Adolfo Pérez Esquivel, que mientras esperaba en primera fila, muy calmo ante las fotos, con su boina y su bastón, comentó a ANCCOM que esta conmemoración es parte de una lucha que no es de una época: “Sigue mientras haya desaparecidos, aún si hay un gobierno que intenta boicotearla, silenciarla y ningunearla”. El Premio Nobel de la Paz sugirió a los jóvenes tener memoria y esperanza, porque lo sembrado, al final, siempre se cosecha.
Adentro, el C Art Media recibió a la gente con luces azuladas que se perdían en los techos altos y un escenario amplio, a la espera. Cuando la sala terminó de llenarse, aparecieron los conductores. El nieto restituido Leonardo Fossati, con oficio de ediciones anteriores, caminaba el escenario como si fuera el living de su casa, con una sonrisa que no se le borró en toda la noche. A su lado, la nieta restituida Claudia Poblete confesó que era su debut sobre las tablas y pidió paciencia, algo que el público le concedió de inmediato.
Abuelas pasa por primera vez en 20 años por un momento de desfinanciación: el Estado nacional, a cargo de Javier Milei, retiró los subsidios. Por eso se agradeció a los municipios de la provincia de Buenos Aires, a las universidades nacionales, a artistas, deportistas y personas que donan para que la institución siga en pie y pueda continuar haciendo lo que debe hacer: restituir la identidad a los casi 300 nietos y nietas secuestrados por la última dictadura cívico militar que falta encontrar. Como en su momento lo hizo con Marcos Ramos, hijo de Carmen Ramos y que recién este año, gracias al trabajo de la institución, pudo saber que el desaparecido Dante Campos era su papá, que este año se enteró de quién era su papá. El nieto restituido 128 estaba en el público y cuando su caso fue mencionado, se paró y saludó tímidamente.
La noche transcurrió entre premiaciones a los abridores de caminos y shows artísticos. El galardón consistía en un prendedor creado por el colectivo de joyeros argentinos. Cada personalidad distinguida lo recibía acompañado por la música compuesta por el nieto restituido de la presidenta de Abuelas, Ignacio Montoya Carlotto.
Malena Guinzburg entró verborrágica para hacer su monólogo, interrumpió a los presentadores y, gritona, se presentó como “la Vocera”. Estaba vestida con un sobretodo negro largo y una peluca medio emo negro azabache, un look particular con el que ya estamos familiarizados. La Vocera comentó que no quedaba más lugar en el infierno, ni tampoco en el cielo, ya que habían cortado vínculo con este por discrepancias ideológicas. Lo que propuso fue encontrar una interioridad individual en cada uno: “un sistema que ponga el foco en el ser humano, una filosofía muy interesante”. Si no lo entendiste, quedate tranquile, que ya lo vas a entender. El público estalló en carcajadas.
El primer Premio Abridores de Caminos fue otorgado a la genetista estadounidense Mary-Claire King, quien en los años 80 desarrolló el índice de abuelidad, un método que permite encontrar el parentesco entre nietos y abuelos aún en ausencia de los padres.
En nombre de la científica habló su amigo Víctor Penchaszadeh, quien también participó del hallazgo y fue premiado el año pasado. King destacó los dos principios de Abuelas que le quedaron marcados: las preguntas más grandes vienen de quienes luchan en primera línea y no hay pregunta demasiado grande para ser planteada. Finalizó con un énfasis que Penchaszadeh supo transmitir: “Que se vayan al infierno quienes niegan la historia de Argentina”.
Después fue el turno de Leonor Manso, actriz impulsora del ciclo “Teatro por la Identidad”, que desde el 2000 difunde la búsqueda de nietos. Dirigió “A propósito de la duda”, una obra que se sostuvo en cartel durante largo tiempo. Con pocas palabras, agradeció a las Abuelas por su lucha infinita.
Entre premio y premio, mientras cada galardonado bajaba para sacarse la foto con las Abuelas y el prendedor, y el siguiente se acercaba al escenario, de fondo se escuchaba a unos chicos que jugaban y se reían. Lejos de molestar, reflejaba el espíritu de la jornada. Ramón Torres Molina llegó acompañado y con la emoción a flor de piel. Abogado, militante político, exjuez y docente, integró el grupo jurídico de Abuelas desde 1997 hasta 2006. Estuvo detenido durante la dictadura y, cuando recuperó la libertad, las Abuelas fueron a buscarlo para pedirle que colaborara con ellas. “Solo había una respuesta posible: buscar a los hijos de mis compañeros. Y así empezó un camino de lucha y de leyes que no contemplaban las atrocidades que sucedieron en este país. Esta es la mayor distinción que puedo recibir en toda mi vida”, subrayó.
Enseguida subió al escenario Osqui Guzmán. Irrumpió para hacer su monólogo, vestido de griego y con una máscara de mueca extraña. Hizo una analogía de lo que es organizarse políticamente de una manera muy argenta. Con micros imaginarios, Ulises de colectivero, ademanes y movimientos efusivos, desarrolló su actuación, que combinaba la sátira y la crítica a las contradicciones y formas organizarse. Al finalizar se sacó la máscara y cerró: “Mi nombre es Osqui Guzmány puedo decirlo porque sé quién soy”.
Con un pañuelo rosa y la voz entrecortada, Graciela Lois, presidenta de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, organismo hermano de Abuelas en la lucha por memoria, verdad y justicia. Aseguró que ese reconocimiento la excedía, que era de todos quienes la precedieron. “Lamentablemente nos crió la dictadura, no me recibí, pero mi compromiso de vida es con mis compañeros hasta que me muera”, señaló.
Frente al escenario, las sillas se ordenaban en filas de unas 20 personas que se extendían hasta el fondo del recinto. El ritmo dinámico del evento hizo que el público no se dispersara. Todos miraban hacia adelante con una expresión difícil de describir, entre seria, emocionada y alegre, acorde a lo que siempre propusieron las Abuelas: una lucha que contenía lágrimas pero también dejaba lugar a las carcajadas.
La distinción siguiente tuvo alcance internacional: Cruz Melchor Eya Nchama, nacido en Guinea Ecuatorial, juez en Ginebra, fue quien abrió las puertas y dio voz a las Abuelas fuera del país, llevando la causa a la ONU. En diálogo con ANCCOM, recordó ese momento de los años 80. “Recuerdo que el embajador argentino, Martínez, en Ginebra no las quería recibir, les decía ‘las locas de mayo’, eso me inquietó. ¿Por qué estas ‘locas’ vendrían hasta Ginebra sin razón? Era un insulto y ahí me solidaricé”.
Su discurso fue el más largo de la noche. Con un español pausado y de acento marcado, puso en el centro la dignidad humana, que en sus palabras está siendo más violada que nunca en el mundo. Las Abuelas, justamente, ya son parte de la historia porque, ante una situación atroz, donde desaparecían personas y regalaban niños secuestrados, pelearon y reivindicaron esa dignidad. Esa lectura de Nchama sobre el estado del mundo se repetiría en otros invitados: la idea de que, después de 49 años de lucha, las dificultades persisten y, en estos tiempos, parecen golpear con más fuerza que en otros años, casi como el nublado que este año no termina de abandonar Buenos Aires. Lejos de tomarlo como algo pesimista, los invitados lo rescataban como algo a lo que ya están acostumbrados: hacerse fuertes ante la adversidad.
Antes del nuevo show, la sobrina de Estela Bravo aceptó la distinción en nombre de la directora de cine estadounidense que reside en Cuba. En los 80, Bravo empezó a grabar el documental Quién soy yo, que terminaría en el 2000 con testimonios de nietos recuperados. Antes de despedirse, su sobrina agradeció a las Abuelas por 40 años de lucha y, por primera vez en la noche, todo el establecimiento respondió “¡Presente!” ante el grito: “30 mil detenidos desaparecidos”.
Verónica Condomí y Matías Betti comenzaron tocando una chacarera, “Preguntame vos”, escrita por el padre de Verónica, quien fue desaparecido en la dictadura. En la letra, el padre parecía saber cuál sería su destino, pero lejos de ser triste, la chacarera impulsó al C Art Media a acompañar el ritmo con palmas. “Sigo preguntando por él, es parte de mi herencia seguir preguntando”, dijo Condomi. Su presentación siguió con dos temas más: una zamba, también del padre, “Zamba para la revuelta”, y un tema creado por ellos, “Árbol de la vida”.
Para entonces ya quedaban las últimas tres distinciones. María Camila Santa Cruz apareció rodeada de sus hijas, nietas y su marido, y el escenario se llenó de un cariño que todos parecían tenerle; el lugar estalló en aplausos. Más de una vez advirtió que, si se ponía a contar todas sus anécdotas, no pararía nunca. Es la única Abuela de Plaza de Mayo honorífica y sostuvo a la institución desde su rol administrativo, dándole estructura y orden a la lucha. Sobre el escenario denunció que, por primera vez en 20 años, Abuelas se quedó sin subsidios.
Víctor Hugo Morales se plantó frente al público tímido, con los brazos juntos, una actitud poco vista en el periodista y conductor. La emoción lo atravesó: “Es una noche definitiva de mi vida, después de esto, ¿a qué más voy a aspirar?”, se preguntó. Pronto retomó discurso político. Su voz radial, tan característica, retumbó en todo el recinto. Mencionó la victoria de Lula en las elecciones presidenciales para decir que esa es la victoria de la memoria de un pueblo, la victoria de una justicia que hace falta en la Argentina en un tiempo tan “arbitrario”. También mencionó la injusta detención de Cristina Fernández de Kirchner, mientras su hijo Máximo lo escuchaba en primera fila.
Por último, la Bersuit cerró la noche con sus disfraces y su optimismo popular. La emoción llegó a su pico en este tramo final. Un evento tan conmovedor que le cerró la garganta, en un escenario, a una banda acostumbrada a transitar los escenarios. Tocaron cuatro temas de su autoría: “Toco y me voy”, “El tiempo no para”, “Vuelos” y “Cuatro vientos”. Abajo, nadie quedó afuera: la gente grande, los trajeados de primera fila, los jóvenes y hasta los más chicos tarareaban y cantaban cada canción como si fuera propia.
Damián Suárez mostró la remera de Abuelas que llevaba puesta: “No me la voy a sacar nunca más, la voy a llevar a todos lados, para que cuando me pregunten ‘¿qué Abuelas?’, ahí pueda contarles. No son las abuelas de sangre, pero son las abuelas de todos”.
Para finalizar a lo grande, invitaron a todos los ganadores, nietos, hijos y abuelas al escenario. “¿Estela, alguna palabra para decir?”, le preguntó Leonardo Fossati. “Una palabra”, respondió ella con cara pícara, y todos estallaron en risas.
“Tengo casi 100 años, en realidad me faltan un par, pero así doy un poquito de lástima”, dijo siguiendo el tono jocoso. “Mi vida se transformó en una lucha permanente. No podíamos pensar que nuestros hijos no volvieran. Hay que luchar sin violencia, recorriendo el mundo, enfrentando los miedos. Pero esos miedos, cuando uno busca un hijo, solo se transforman en más valor”, señaló a lado de su compañera, la vicepresidenta de Abuelas, Buscarita Roa. “Todavía estamos buscando, todavía estamos encontrando. Gracias a todos los que han acompañado a pesar del riesgo de seguir a ‘las locas’”.
“Hay que luchar por un mundo mejor, sin miedo a decir lo que sentimos, sin hambre. Confiando en el uno y en el otro. Sin olvidar a los 30 mil. Hay mucho para hacer”. “Inconsciente colectivo”, de Charly, fue cantado y bailado por todos, dando cierre a una noche llena de emoción, pero también de esperanza.

