Periodismo reivindicado
Resulta inesperado que, tras 43 años de vigencia plena e ininterrumpida de la democracia argentina, hoy sea necesario volver a defender el valor esencial del periodismo para el funcionamiento institucional y el equilibrio entre los poderes del Estado.
Durante más de cuatro décadas, la convivencia democrática consolidó consensos básicos: libertad de expresión, crítica al poder y respeto por quienes informan. Sin embargo, ese piso parece hoy amenazado.
La llegada a la Presidencia de un dirigente que hizo del agravio y la descalificación un método cotidiano, encendió alarmas. El problema no reside solo en las diferencias ideológicas con la prensa, algo natural en democracia, sino en la sistemática construcción de odio contra periodistas y medios. Las agresiones verbales dejaron de ser episodios aislados para convertirse en una práctica recurrente desde la máxima autoridad del país.
“Creo que la gente no odia lo suficiente a estos sicarios con credencial de supuestos periodistas”, expresó Javier Milei. No fue un exabrupto único. A Joaquín Morales Solá lo llamó “sorete de nicho”, “mierda humana” y “operador mentiroso farsante”. Sobre Luciana Geuna dijo “basura inmunda” y hasta reposteó una imagen de la periodista con traje de presidiaria. De Ernesto Tenembaum afirmó: “El pedazo de mierda ese”.
Cuando el insulto reemplaza al debate y el odio se instala como lenguaje oficial, lo que se erosiona no es solo la relación entre un mandatario y la prensa. Lo que comienza a deteriorarse es la calidad misma de la democracia. Defender al periodismo no implica blindar errores ni renunciar a la crítica: significa preservar un derecho indispensable para toda la sociedad.
Es por eso que este 7 de junio, Día del Periodista, corresponde reivindicar una profesión tan denostada por un personaje desquiciado que nos tocó tener como presidente.

