Científicos de la UNLP desarman el mito del vapeo seguro
Cada 31 de mayo se celebra el Día Mundial Sin Tabaco, con el fin de concientizar sobre sus efectos letales. En este marco, dos especialistas de la Universidad Nacional de La Plata, el Dr. Enrique Correger, de la Facultad de Ciencias Médicas, junto al Mg. Oswaldo Aranda, docente de la Facultad de Ciencias Exactas, ambos de la Universidad Nacional de La Plata, profundizan sobre los riesgos sanitarios que puede generar el vapeo, principalmente entre adolescentes y adultos jóvenes.
Correger advierte que aunque muchas veces se presenta al vapeo como una práctica de menor riesgo que el cigarrillo convencional, la evidencia científica actual demuestra que los cigarrillos electrónicos no son inocuos y pueden provocar lesiones pulmonares graves, incluso insuficiencia respiratoria aguda con necesidad de internación en terapia intensiva y ventilación mecánica.
Estos dispositivos suelen promocionarse mediante sabores atractivos, diseños modernos y mensajes asociados a una supuesta reducción del daño, el aerosol que generan contiene una mezcla compleja de sustancias potencialmente tóxicas. Diversos estudios identificaron nicotina, compuestos orgánicos volátiles, partículas ultrafinas, aldehídos como formaldehído y acetaldehído, acroleína y metales pesados como níquel, plomo y cadmio. El calentamiento de solventes como el propilenglicol y el glicerol produce, además, compuestos químicos capaces de inducir inflamación, estrés oxidativo y daño del tejido pulmonar.
Uno de los fenómenos más preocupantes asociados al vapeo fue la aparición del denominado EVALI, caracterizado por una lesión pulmonar aguda. Los pacientes desarrollan disnea progresiva, hipoxemia severa e infiltrados pulmonares bilaterales, con rápida evolución hacia insuficiencia respiratoria aguda. Series clínicas publicadas en revistas de alto impacto como The New England Journal of Medicine (NEJM) mostraron que una proporción significativa de estos pacientes requiere ingreso a unidades de cuidados intensivos y ventilación mecánica invasiva.
En la misma línea, un trabajo publicado en CHEST (revista médica oficial del Colegio Americano de Médicos Torácicos), describió casos de insuficiencia respiratoria aguda grave secundaria al vapeo, resaltando que se trataba de pacientes jóvenes que podían requerir internación en cuidados intensivos con necesidad de soporte ventilatorio mecánico.
Desde la medicina crítica, estos cuadros representan un verdadero desafío clínico. Muchos de los pacientes afectados eran jóvenes sin antecedentes respiratorios relevantes. Sin embargo, el daño pulmonar podía progresar rápidamente hacia una insuficiencia respiratoria severa. En estos casos, el tratamiento requiere estrategias avanzadas de soporte respiratorio, incluyendo altos requerimientos de oxígeno, máscaras a presión positiva y ventilación mecánica invasiva. Incluso se reportaron casos que necesitaron la técnica de Oxigenación por Membrana Extracorpórea (ECMO) como medida de rescate.
Químicos en cada inhalación
Los componentes químicos nocivos de los vapers, según la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) y organismos de control de la Unión Europea, como ya me mencionó incluyen una variedad de sustancias tóxicas presentes tanto en los líquidos electrónicos como en sus aerosoles.
En este sentido, Aranda, explica: “según organismos de control internacionales como la FDA, los líquidos electrónicos y los aerosoles generados por los vapers contienen una mezcla de sustancias que impactan en el organismo. Entre ellas se destacan la nicotina, altamente adictiva que afecta negativamente el desarrollo cerebral en particular en la adolescencia y diferentes compuestos químicos como: compuestos orgánicos volátiles, propilenglicol y glicerol, que al calentarse producen compuestos tóxicos que ponen en riesgo la salud”.
También se detectaron sustancias carcinogénicas como el formaldehído y el acetaldehído ambos conocidos por ser cancerígenos, acroleína que causa daño pulmonar irreversible, diacetilo asociado a la enfermedad conocida como “pulmón de las palomitas” bronquiolitis obliterante, una enfermedad pulmonar grave e irreversible que daña las vías respiratorias más pequeñas (bronquiolos). Otro componente presente en los vapers es dietilenglicol, un químico presente en anticongelantes, agregó el investigador de la UNLP.
A eso se suman metales pesados como níquel, plomo, estaño y cadmio, que pueden filtrarse desde los dispositivos y acumularse en el organismo causando enfermedades respiratorias, así como benceno, compuesto presente en diversos procesos industriales y en la fabricación de hidrocarburos. Finalmente, las partículas ultrafinas penetran profundamente en los pulmones, aumentando el riesgo de enfermedades respiratorias.
En Europa y Australia, además, se identificaron compuestos orgánicos volátiles, hidrocarburos aromáticos policíclicos y ftalatos, estos últimos con efectos directos en alteraciones endocrinas y reproductivas.
La toxicidad del vapeo no parece depender únicamente de la nicotina. Investigaciones publicadas en NEJM identificaron acetato de vitamina E en muestras de lavado broncoalveolar de pacientes con EVALI, sugiriendo un posible rol de esta sustancia en la lesión pulmonar asociada al vapeo. Otros trabajos publicados en revistas como The Lancet e Intensive Care Medicine también alertaron sobre el impacto inflamatorio y tóxico de los aerosoles inhalados y remarcaron la falta de evidencia sobre su seguridad a largo plazo, remarca Correger.
Imaginarios equivocados
El médico, detalló que otro aspecto preocupante es la percepción errónea de que vapear “no hace daño”. Aunque algunos dispositivos puedan generar menos productos de combustión que el cigarrillo convencional, eso no significa que sean seguros. El pulmón continúa expuesto a sustancias químicas inhaladas cuya composición puede variar ampliamente según el dispositivo y el líquido utilizado. Además, muchos productos carecen de controles adecuados de calidad y pueden contener compuestos no declarados.
En adolescentes y adultos jóvenes, el impacto resulta todavía más preocupante. La nicotina altera circuitos neuronales vinculados al aprendizaje, la atención y el control de impulsos, además de favorecer la dependencia. A esto se suma una fuerte estrategia de marketing basada en sabores, redes sociales y diseños tecnológicos que minimizan la percepción de riesgo y favorecen el inicio temprano del consumo.
La evidencia científica disponible permite sostener hoy un mensaje claro: vapear no es una práctica inocua ni una alternativa saludable. Desde la neumonología crítica y las unidades de cuidados intensivos, donde se reciben las formas más graves de daño pulmonar, la preocupación crece frente a una generación expuesta a nuevos tóxicos inhalatorios cuyos efectos a largo plazo todavía no conocemos completamente. La prevención, la educación y el acceso a información basada en evidencia continúan siendo herramientas fundamentales para evitar que una moda aparentemente inofensiva termine transformándose en un nuevo problema de salud pública.
Nueva presentación, más de lo mismo
También comenzaron a ganar visibilidad las denominadas bolsitas de nicotina (nicotine pouches), dispositivos de administración oral que contienen nicotina y otros compuestos saborizantes, colocados habitualmente entre la encía y el labio. Su creciente difusión entre adolescentes y adultos jóvenes responde, en parte, a estrategias de comercialización asociadas a sabores atractivos, diseño discreto y percepción de menor daño.
Sin embargo, advierte Correger, el hecho de no producir combustión ni aerosol inhalado no implica ausencia de riesgo. La exposición a nicotina en edades tempranas se asocia con desarrollo de dependencia, alteraciones neurocognitivas y efectos cardiovasculares, además del potencial de intoxicación aguda por altas concentraciones. Desde una perspectiva de salud pública, preocupa especialmente la naturalización del consumo de nicotina bajo formatos percibidos como “seguros”, en un escenario donde la evidencia científica aún continúa evaluando sus consecuencias a mediano y largo plazo.
El mito del reemplazo
El cigarrillo electrónico se instaló como un sustituto moderno del tabaco, pero lejos de ser una solución, representa una nueva amenaza para la salud pública. La exposición constante a químicos, partículas y metales pesados confirma que no existe un nivel seguro de vapeo.
“La conclusión es clara: ni fumar ni vapear son opciones seguras. La única manera de proteger la salud es dejar el consumo de ambos productos y educar a la población en los riesgos para la salud” concluye Aranda.
Sustancias y efectos nocivos: los ingredientes del cóctel químico
- Nicotina: presente en los líquidos de recarga, genera una fuerte adicción y, en adolescentes, interfiere con el desarrollo cerebral.
- Formaldehído: se forma por degradación térmica; es un cancerígeno comprobado que daña las células pulmonares y altera el ADN.
- Acetaldehído: también producto del calentamiento, tiene efectos cancerígenos sobre el sistema respiratorio.
- Acroleína: un irritante altamente tóxico que destruye el tejido pulmonar y puede producir daño irreversible; además se considera cancerígena.
- Diacetilo: utilizado en saborizantes, se relaciona con la enfermedad conocida como pulmón de las palomitas, que reduce la capacidad respiratoria.
- Dietilenglicol: contaminante tóxico usado en anticongelantes, asociado a enfermedades pulmonares y riesgo sistémico.
- Metales pesados (níquel, plomo, cadmio, estaño): se filtran de los dispositivos; inhalados de forma crónica, causan toxicidad respiratoria y daños en órganos vitales.
- Benceno: un compuesto cancerígeno, también generado por degradación térmica, con graves consecuencias sobre la médula ósea y el sistema sanguíneo.
- Compuestos orgánicos volátiles (COVs) e hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAPs): altamente tóxicos y carcinógenos, presentes como contaminantes y productos de degradación.
- Ftalatos: actúan como disruptores endocrinos, interfiriendo con las hormonas y la fertilidad, además de generar toxicidad reproductiva.

