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Granollers y Zeballos arrancan el camino a la tercera: ¿la vencida en Wimbledon?

Marcel Granollers y Horacio Zeballos conocen de sobra el camino hasta la final de Wimbledon. Lo han recorrido dos veces. En 2021 llegaron al último domingo sin poder superar a Nikola Mektic y Mate Pavic. En 2023 volvieron a ponerse a un partido del título, pero Wesley Koolhof y Neal Skupski les cerraron el paso. Dos finales perdidas, cuatro semanas de enorme nivel y una sensación que durante un tiempo acompañó a una de las parejas más consistentes del circuito: la de tener una cuenta pendiente con la hierba de Londres.

Ahora el contexto es otro.

Granollers y Zeballos ya no llegan a Wimbledon persiguiendo el primer gran trofeo de su asociación. Esa barrera quedó atrás en Roland Garros 2025. Después llegó el US Open. Y, este año, la pareja formado por el español y el argentino ha defendido con éxito el título en París para sumar su tercer Grand Slam juntos. El dolor de aquellas finales de Wimbledon sigue formando parte de su recorrido, pero ya no define su relación con los grandes escenarios.

La pregunta cambia. No es si pueden ganar un grande. Ya lo han demostrado. Tampoco si son capaces de sostenerse en las rondas finales de los grandes torneos. La respuesta está en sus resultados. Lo que queda por descubrir es si Wimbledon puede convertirse, por fin, en el escenario de una coronación que se les ha escapado dos veces

La primera oportunidad llegó en 2021.

Granollers y Zeballos ya eran una de las parejas más respetadas del circuito. Habían ganado grandes títulos, se entendían desde una complementariedad muy reconocible y llevaban tiempo instalados entre los mejores equipos del mundo. El español aportaba presencia en la red, lectura y una capacidad extraordinaria para jugar los momentos cortos. El argentino añadía profundidad desde el fondo, mano, revés y una sensibilidad especial para construir puntos que no siempre se deciden con el golpe más fuerte.

En Wimbledon, ese equilibrio funcionó durante dos semanas. Alcanzaron la final, pero se encontraron con Mektic y Pavic, una pareja que atravesaba una temporada de autoridad absoluta. El partido se resolvió en cuatro sets y dejó una derrota difícil de digerir: 6-4, 7-6(5), 2-6 y 7-5. Granollers y Zeballos lograron reaccionar después de perder las dos primeras mangas, encontraron una vía para alargar la final y llevaron el cuarto set a un terreno de máxima tensión. No bastó.

La segunda oportunidad llegó en 2023.

El recorrido tuvo incluso un punto de resistencia que ayuda a explicar lo que son como pareja. En la primera ronda salvaron un punto de partido ante Juan Sebastián Cabal y Robert Farah, antes de imponerse en tres tie-breaks. A partir de ahí, el torneo fue creciendo. Volvieron a avanzar, volvieron a hacerse fuertes y regresaron a la final de Wimbledon con la sensación de que aquella experiencia de 2021 podía pesar a favor.

Al otro lado de la red estaban Koolhof y Skupski, los primeros cabezas de serie y una de las parejas más sólidas de aquella temporada. El británico jugaba, además, en casa. La final terminó 6-4 y 6-4 para Koolhof y Skupski. No hubo un quinto set, ni una remontada al borde del abismo, ni una ocasión para estirar el partido. Wimbledon volvía a quedarse cerca, demasiado cerca.

Pero la historia de Granollers y Zeballos no se detuvo ahí.

Durante mucho tiempo, las grandes finales perdidas fueron una parte incómoda de su relato. Antes de Wimbledon 2021 y 2023, también habían caído en la final del US Open 2019. Tres oportunidades, tres derrotas. El equipo tenía nivel, continuidad, títulos ATP Masters 1000 y una relación construida con paciencia, pero faltaba la confirmación en el escenario más grande.

Roland Garros 2025 cambió esa narrativa.En París levantaron su primer Grand Slam juntos después de derrotar a Joe Salisbury y Neal Skupski en una final que exigió mucho más de lo que reflejó el 6-0, 6-7(5), 7-5. Granollers y Zeballos tuvieron que salvar situaciones delicadas, resistir una reacción enorme de sus rivales y encontrar la calma para cerrar el partido en el último juego. Fue una victoria que no borró las derrotas anteriores, pero sí las colocó en otro lugar. Ya no eran la pareja que se quedaba a las puertas. Eran campeones.

El US Open 2025 reforzó esa transformación. En Nueva York remontaron ante Salisbury y Skupski, salvaron tres puntos de campeonato y conquistaron un segundo grande en la misma temporada. No fue un título de continuidad cómoda. Fue otra prueba de carácter. Una pareja que había aprendido a convivir con las finales perdidas encontró una manera de sobrevivir cuando el partido parecía escaparse.

Y en Roland Garros 2026 llegaron incluso más lejos: defendieron el título.

Esa victoria en París, lograda sin ceder un set durante el torneo, confirmó que Granollers y Zeballos ya no viven los Grand Slam desde la ansiedad de quien busca una primera gran oportunidad. Llegan con una autoridad ganada a través de los años, de los golpes compartidos y de una confianza que no se construye en una sola semana.

Wimbledon, sin embargo, mantiene un matiz propio.

La hierba obliga a decisiones rápidas. Los juegos de saque pesan más. Los puntos en la red adquieren una importancia todavía mayor. Las parejas que restan bien y encuentran primeras voleas sólidas pueden convertir cualquier partido en una sucesión de detalles. Granollers y Zeballos tienen herramientas para moverse en ese paisaje. El español entiende como pocos los espacios cortos y la geometría de la red. El argentino tiene una mano capaz de alterar el ritmo y de abrir ángulos desde posiciones que parecen poco favorables.

Pero la superficie también exige precisión emocional.

En 2021 y 2023 comprobaron que llegar a la final no garantiza nada. En dobles, un par de puntos pueden cambiar un set. Un mal juego de saque puede condicionar una tarde. Un tie-break puede decidir una semana completa. La experiencia no elimina esa incertidumbre, pero permite convivir mejor con ella. Y Granollers y Zeballos llegan ahora con una experiencia muy distinta a la de sus dos primeras finales en Londres.

También con otro tipo de tranquilidad.

Los dos han hablado muchas veces de la importancia del día a día, de trabajar la relación como pareja y de no convertir cada gran torneo en una obsesión por el resultado. Esa idea ganó peso después de levantar sus primeros Grand Slam. Ya no necesitan demostrar que pertenecen a la élite del dobles. Sus títulos, sus finales y su continuidad les han dado ese lugar.

Lo que Wimbledon ofrece ahora es otra posibilidad.

Una tercera oportunidad no garantiza una tercera final. Tampoco convierte automáticamente la historia en una reparación. Pero Granollers y Zeballos llegan a Londres con algo que no tenían en 2021 ni en 2023: la certeza de que pueden ganar cuando el partido se estrecha, cuando el marcador se complica y cuando el último punto pesa más que todos los anteriores.

La hierba ya les ha llevado dos veces hasta la puerta. Esta vez, con tres Grand Slam en el bolsillo y una asociación más consolidada que nunca, buscan abrirla.

El camino empieza este miércoles ante Robert Galloway y John Peers en el All England Tennis Club.

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