Política

Una vez más, el Equipo argentino de Química hizo historia

Así define el Diccionario de la Real Lengua Española a la palabra “Facto”.

Del lat. factum. m. desusado El hecho, en contraste con el dicho o con lo pensado.

En química, como en todos los campos del conocimiento de la vida, hay diversos hechos fácticos:

El agua hierve a 100 °C a nivel del mar.
El hierro se oxida al exponerse al oxígeno y la humedad.
Un indicador de pH cambia de color al añadirle un ácido.

Y, uno super importante:

En todos los años, el equipo de la UBA del Programa Olimpíada Argentina de Química concreta una actuación histórica.

Este año no fue la excepción:  En la 30ª edición de la Olimpíada Iberoamericana de Química, que se realizó en Fortaleza, Brasil, la delegación argentina obtuvo dos medallas de oro y dos de plata. El equipo fue entrenado por docentes, investigadores y becarios de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEyN).

La delegación nacional fue dirigida en esta oportunidad por Nicolás González Bardeci, docente de la FCEyN, e integrada por los estudiantes Elías Cohen, de la Escuela Técnica ORT (CABA); Lucas Pablo Montini, de la EESOPA Nº 3079 «I.C.E.S.» (Sunchales, Santa Fe); Santiago Nicolás Donis, de la EET Nº 27 «Hipólito Yrigoyen» (CABA); y Emma Luz Jaeger, del Colegio Nacional de Buenos Aires (CABA) logrando los siguientes factos.

  • Elias obtuvo el sexto puesto y Lucas el séptimo, recibiendo ambos medallas de oro. 
  • Santiago se ubicó en el puesto 11 y Emma en el 13, resultados que les valieron sendas medallas de plata.
  • La delegación argentina alcanzó puntajes de entre 80 y 85 sobre 100, muy por encima del promedio general, que fue de 52 puntos.
  • Elías fue el mejor argentino de toda la competencia.
  • Emma fue la mejor mujer de Iberoamérica.

La antesala

Soledad Antonel, profesora del Departamento de Química Inorgánica, Analítica y Química Física (DQIAQF) y directora del programa Olimpíada Argentina de Química, cuenta que “hasta el año 2024, dependíamos del Ministerio de Educación de la Nación, junto a otros programas olímpicos. Con ese financiamiento podíamos realizar las actividades nacionales e internacionales que son necesarias para la preparación del equipo. Pero, desde ese año, al cortarse el financiamiento para las actividades internacionales, nos vimos en una situación de tremenda y permanente incertidumbre”.

La historia de las cuatro medallas comienza mucho antes. Antonel cuenta que “el camino empezó el año pasado en nuestro certamen nacional, el cual celebramos todos los años. En esa edición, la número 36, participaron alrededor de 2500 estudiantes secundarios de todo el país. Tras una etapa de distintos exámenes, cerca de 350 chicos llegaron a la instancia del certamen nacional donde seleccionamos a los 24 con las mejores calificaciones y los invitamos a que vengan al año siguiente, a principios de marzo, a entrenarse en nuestra facultad, en las distintas áreas de la química, tanto del área teórica como experimental, con vistas a conformar los equipos argentinos que representarán al país en las competencias internacionales de ese año”.

“En los procesos de selección, en Ciudad Universitaria, los chicos reciben, durante varias semanas, clases dictadas por miembros del equipo técnico pedagógico de la Olimpiada, que además son docentes e investigadores de la FCEyN. Se vieron temas que, incluso, alcanzaban el nivel universitario. Ahí fue quedando conformado el equipo”, agrega Antonel.

Primer paso. Llegar 

Ya regresados de Brasil, nos reunimos con Antonel, Elías y Emma, en el Departamento de Química Inorgánica, Analítica y Química Física del Pabellón II. “Estos son chicos (por los cuatro) que aceptan el desafío y llegan bien preparados a nuestros entrenamientos porque, en sus colegios, tienen profesores notables que no solamente les enseñan sino que, también, los incentivan y desafían a crecer”, abre Antonel.

Entonces, surge la idea de que los estudiantes rebobinar la película y lleguen a ese primer día, en el cual iniciaron un camino que, no solamente marcaría sus vidas, sino que, también, las cambiaría para siempre.

Emma sonríe tímidamente, y cuenta que “mi caso es un poco gracioso porque una amiga me invitó a participar y yo acepté cómo una forma de acompañarla. Nunca pensé que me lo tomaría tan en serio pero ni bien comenzamos las clases tuvimos un profesor que explicaba excelente, iba súper rápido y era muy gracioso. Fue en ese momento, donde la química me empezó a gustar un montón y de la nada, le empecé a dedicar horas y horas de estudio, para hacer las series de ejercitación y así fuí subiendo de niveles hasta llegar acá”.

Elías rápidamente y, casi naturalmente explica ”desde chico estoy rodeado de ciencia, mis papás son geólogos UBA y mi jardín fue el de la Facu. Siempre participé en toda Olimpíada que pude, en la disciplina que fuera, y la de Química no fue la excepción. Me encantó el desafío de enfrentarme al ejercicio y pensar la estrategia para resolverlo”.

La competencia iberoamericana constó de dos instancias: una en el laboratorio y otra teórica. En la primera, los participantes debieron resolver ejercicios prácticos, cómo determinar experimentalmente la entalpía de neutralización mediante calorimetría. La prueba teórica, por su parte, consistió en seis problemas que abarcaron las cuatro áreas de la disciplina: química orgánica, inorgánica, analítica y fisicoquímica.

Elías no duda: “Fue muy desafiante. Estás dentro de una burbuja mientras dura el examen y no pensás en nada más. Cuando se termina, salís y pensás ¿En qué momento pasó el examen?” Emma agrega que “Aparte era largo. La parte de enunciados y preguntas eran como 50 y pico de páginas. Te metías de lleno en ese examen, y tenías la sensación de no salir más”.

Segundo paso. Destacar.

El puntaje y las medallas obtenidas constituyen un punto de partida para analizar la magnitud del éxito del equipo argentino pero hay, aún, datos más contundentes: Elías fue el mejor argentino y Emma la mejor mujer de toda Iberoamérica. Antonel también destaca otro punto “si bien se habla de equipo, la competencia es individual y yo quiero resaltar lo parejos que estuvieron los cuatro. Son chicos que vienen de distintas escuelas, con distintas currículas de química u horas dedicadas a la química, y en la Facultad, con entrenamiento, nos enfocamos en que los cuatro puedan sobresalir”.

En cuanto al entrenamiento, Emma dice que “asistir a estas clases ya es un privilegio. La pasión de los profesores, la manera en que te hacen entender y ver la química, hace valer todo el tiempo y esfuerzo que uno tiene que poner”. Elías se suma y dice “Acá tuve las mejores clases de mi vida. No solamente porque los profesores son excelentes sino, también, por compartir el tiempo con personas que les encanta la química y que, también, son capaces de dedicar un montón de horas al estudio que se pasan volando, porque te divertís un montón”.

Antonel vuelve a hacer foco en la cohesión del equipo como grupo. “Hay unos videos muy hermosos dónde se los ve a ellos festejar más la medalla del otro, que la propia. Y luego, poder ver a los cuatro abrazados, me pone la piel de gallina. Es ese sentimiento de equipo, es lo que hace la diferencia”.

Tercer paso. Seguir

Al final de la charla, surge preguntarles a Emma y a Elías ¿Qué es la química para ellos?

“Siento que decir que es la ciencia que estudia la materia queda corto, muy muy corto, es muy muy sosa esa respuesta porque la química es super importante en mi vida. Es adonde recurro en búsqueda de respuestas o saber más, es los libros que leo, los videos que miro. Es una parte de mí”, dice Emma.

Para Elías, “la química es mi futuro laboral, mi pasión y aquello que me divierte. Todo junto”.

Sobre el futuro, Antonel cuenta que “a pesar de la falta de financiamiento, de las incertidumbres, los momentos de tensión por no saber si llegamos con el dinero o no, seguiremos en nuestro objetivo que es acercar la química a todos. Que descubran lo divertida que es, todo lo que hay para aprender más allá de la escuela y que abre un campo laboral amplio y promisorio.

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